El último crack en aparecer

A medida que pasan los días se nos va pasando lentamente la fiebre del Mundial, aunque a veces nos cuesta volver a la realidad del fútbol nuestro de cada día, sobre todo porque venimos de observar partidos del máximo nivel, al cual no queremos dar por terminado; pero tenemos que amoldarnos lentamente a nuestras competencias locales, en un principio hasta que llegue el momento en que inicien las grandes ligas europeas.

Sin embargo, creo que nos quedan ciertos destellos en mente de lo que vivimos, no solo por la magnitud de lo sucedido, sino que también quedarán en nuestras mentes y para la eternidad, determinadas cosas, por ejemplo; selecciones, esquemas, técnicos, jugadas preparadas, goles y lo que nos compete en este caso jugadores.

Tal vez este nombre propio llegó a la cita mundialista, sin ser la principal estrella de su selección por cuestiones obvias que quedan de manifiesto si hablamos de Croacia, los primeros nombres que se nos vienen a la mente seguro serían Modric, Rakitic o Mandzukic; en este caso vamos más allá y nos detendremos en la figura de Iván Perisic.

Lo analizamos detenidamente y reflejaremos todos sus números y características principales para describir este gran jugador croata, Nacido en Split, Yugoslavia hace 29 años, con 186 cm de altura y 80 kg aproximadamente. Jugador actual del Inter de Milan; y tuvo paso por el KSV Roeselare, Sochaux, Club Brugge, Borussia Dortmund y Wolsfburgo.

Zurdo, y como tal cuenta con la habilidad natural a flor de piel, cuenta con gran ventaja en el 1 vs 1, dentro de sus principales virtudes se encuentra la manera de aguantar el balón con marca encima, de pases claros e incisivos en ataque, de gran juego aéreo, especialista en contragolpes, jugar balones al espacio y cortar posición desde la banda izquierda hacia el centro. Todas estas características reúne este jugador que le permite ser polifuncional desde el medio campo hacia arriba, ya que tiene la posibilidad de jugar como volante central, volante izquierdo, media punta izquierdo, media punta centro y hasta derecho, también desarrollo su juego como extremo izquierdo.

En Rusia 2018 se destaca por su despliegue físico, y su llegada al gol, teniendo en cuenta que siendo volante izquierdo marcó tres goles, frente a Islandia, Inglaterra donde fue elegido Mejor jugador del encuentro, y en la final versus Francia. Ya en Brasil 2014 donde su selección no contó con la misma suerte, disputó los tres partidos, marcando dos goles y brindando una asistencia. Tal vez su punto más alto lo alcanzo en la Euro 2016, disputando 4 partidos, marcó 2 goles y 1 asistencia. En la clasificación de la misma competencia, disputó 9 partidos, marcó 6 goles y brindó una asistencia. 

Esto llamó la atención de los dirigentes del Internazionale de Milán que lo ficharon post Euro, y hoy analizan seriamente la posibilidad de una venta al Manchester United que es uno de los clubes más interesados en los servicios del croata teniendo en cuenta su último mundial y también la gran temporada que tuvo en el Calcio, donde disputó los 37 encuentros y marcó 11 goles, más 9 asistencias y fue elegido 5 veces el jugador del partido.

Los centros al área no son su fuerte, si tenemos que marcar un punto a mejorar. Somos conscientes de que tal vez su imagen se vio afectada por el penal que sancionaron en su contra en la final vs. Francia, jugada que provoca gran controversia, donde no queda claro realmente si fue o no penal. Para nosotros solo queda en la historia y no borra todo lo bueno anteriormente realizado.

Un líder y la multiculturalidad

El éxito de la selección francesa en la pasada jornada tiene muchísimas aristas a tocar, pero hay algunas que deben ser ineludibles por cualquier amante de este deporte. Hagamos un poco de memoria y vayamos al año 2010. Raymond Domenech “manejaba” un plantel que venía de ser subcampeón del Mundo, y los problemas disciplinarios de varios jugadores terminaron de dinamitar a una generación que había sido muy importante para el país. Nicolás Anelka, el insulto al entrenador, y todo lo que ya sabemos a posteriori.

Tras este suceso, se fue a buscar a un entrenador que como Deschamps también había vivido el éxito de 1998, Laurent Blanc. La preparación y la Eurocopa 2012 no agregaron resultados positivos para el equipo, y el ex campeón del Mundo también fue cesado en su cargo. Asumiendo Didier Deschamps en julio del 2012.

El proyecto deportivo fue siempre ascendente, y coincide con el comienzo madurativo de una camada muy interesante de jugadores, además, por primera vez desde el mandato de Aimé Jacquét (entrenador campeón del Mundo en 1998), Francia tenía un verdadero conductor desde el banco.

Sus decisiones hablan por él. La más reciente, de Adrien Rabiot. Se le pidió que entrene, que se preparare por si era citado, nunca se le aseguró el puesto. Ante la negativa del jugador, se le aseguró que no iba a estar. Son todos importantes, pero nadie es imprescindible. Esa frase resume lo hecho por Deschamps.

Supo mover piezas y de manera acertada. Jugadores que nos parece una locura verlos afuera, pero que cumplieron una etapa.

Como Marcelo Bielsa les dijo a los jugadores de Marsella: “Traguen veneno, acepten la injusticia, todo se equilibra al final” y así fue. Luego de la decepción de su Eurocopa, hecho que no han olvidado, en Moscú, todo se ha equilibrado.

Pero, por otro lado, el aspecto multicultural de este equipo es otra arista sumamente importante. Que genera grandes discusiones, si son africanos, si son franceses. Nadie mejor que Didier para lidiar con este aspecto. En el documental (disponible en Netflix) “Les Blues” podemos observar como ese plantel en donde convivían en primer lugar, franceses. Pero con distintos orígenes y religiones: católicos y musulmanes; hijos de franceses e hijos de africanos. Se impusieron a una derecha ultra conservadora liderada por Le Pen y en base a triunfos cambiaron parte de una realidad que aún hoy se presenta en la Francia actual.

La multiculturalidad de este equipo le ha dado, desde lo deportivo, diversos registros. Músculo, velocidad, orden táctico, entre otras cosas. Pero más allá de esto, es una nueva cachetada a una derecha nacionalista creciente. La capacidad de que hijos de inmigrantes defiendan (en un nacionalismo, que a veces no comparto) con hidalguía los colores franceses, vuelca la balanza a favor de la convivencia multicultural en un país que por momentos ha visto una grieta entre “franceses y el resto”.

Es más que una Copa del Mundo ganada, con todo lo que ello significa en sí misma. Es una victoria social, cultural, y que, en lo deportivo, termina marcando las bases de un proyecto exitoso a nivel mayor, y juvenil.

Detalles que hacen historia

La selección croata se metió en la final del torneo deportivo más importante del mundo. Una selección que participó por primera vez de un mundial en el 1998, y vaya debut que quedó tercera. Hoy, 20 años más tarde, en su quinta participación rompe su propia meta.

Yendo a lo que fue el partido en sí dejó mucho por analizar, tuvimos un partido digno de una semifinal del mundo.

Considero el título elocuente a lo visto, en pos de que este partido -como los son todos a este nivel de competencia- se definió por detalles. El gol inglés vino desde el vestuario, cayó a los 5´ minutos gracias a una brutal pegada del lateral/volante del Tottenham Trippier. Sin embargo, el foul que genera el tiro libre pudo haberse evitado, fue un detalle, un error que se suele cometer pero que en partidos de esta índole pueden cambiar la historia.

A partir de allí el partido estaba servido en bandeja para Inglaterra podía hacer el fútbol que más le gusta sin ninguna presión, pues el resultado lo tenían. No es fácil controlar lo que es a entender de quien escribe el mejor mediocampo del mundo -hoy por hoy-.  Sin embargo, Inglaterra pudo hacerlo 67´ minutos. Modric no podía hacer contacto con el balón, Rakitic parecía no estar, Perišić creíamos era el mismo de toda la Copa, sin gravitar, Rebic intentaba, pero estaba solo, Mandžukić muy lejos, no se veía por ningún lado algo que pudiera cambiar el trámite del partido.

Así se fue el primer tiempo, con el equipo de los tres leones cómodo, dominando, sin pasar zozobras atrás, con los laterales en un nivel brutal, con los tres zagueros muy enchufados y con un Henderson superlativo, ayudado por un Dele Alli cada vez más lejos del arco, pero siendo un sostén en la “sala de máquinas”.

El partido parecía ir por la misma senda en la segunda mitad, pero a los ´68 el gol de Perišić iba a cambiar la historia. Nuevamente el gol se define por un detalle, un error conjunto de los zagueros británicos de partido de 10 puntos hasta ese momento -vale aclarar con un estupendo centro de Vrsaljko, de gran segundo tiempo a pesar de llegar con lo justo físicamente al partido-. Entonados anímicamente por el gol y liderados por Perišić comenzó la revolución croata, haciendo del sudamericano que falta en estas semifinales, sacando resto físico de donde no había, parecía que se había bajado una palanca y los croatas resurgian de las cenizas, con mucha entrega y actitud, pero menos juego que en otras oportunidades, Modric volvió a ser el de siempre, redobló esfuerzos y lideró lo orquesta junto con el extremo del Inter.

Se fueron los primeros 90´ minutos de juego nuevamente en empate, tercer 1 a 1 consecutivo y de atrás que lograba Croacia. Inglaterra se fue al descanso pre alargue desencajada, aún golpeada por el gol y con un solo tiro entre los tres palos: el gol de Trippier. Sin embargo, el primer tiempo extra Croacia no tuvo otra opción que resguardarse, sus jugadores estaban extenuados. Otra vez Vrsaljko se vistió de héroe y salvó una pelota en la línea luego de un córner y posterior cabezazo que con el diario del lunes valió un gol. Pickford hizo lo suyo y le tapó un mano a mano al “Loco Mario” que más tarde tendría su revancha.

Para el segundo chico, Croacia se puso en modo sudamericano si ya estaba destruida físicamente en los ´90 ahora las piernas y la pelota pesaban el doble; sin embargo, fue, quiso, intentó, demostró un poco más y nuevamente, con más ganas que fútbol, encontró el gol de Mario, cuando no un detalle cambió la historia, Perišić cabecea, la defensa de duerme en los laureles, Mandžukić se acomoda, volea de zurda y a sacar del medio. Croacia acariciaba la gloria. Si el primer gol croata golpeó a los ingleses, este los terminó de aniquilar. El tiempo se escurrió como en un reloj de arena y Croacia a la final por dos detalles. ¿Errores o virtudes? No lo sé. Simplemente detalles.

Cuatro equipos en busca de la gloria

El final del camino está cada vez más cerca. Sólo se ven 4 equipos, pero analizando profundamente cada uno de ellos, quedan sólo 4 estrategias vivas, para ver cuál es la más efectiva a la hora de planificar cualquier partido. Ya vimos que la tenencia total de pelota fue de los fracasos más llamativos y considerables del torneo, por lo que, a nosotros nos inquieta saber cuál estilo va a ser coronado como el “mejor del mundo”.

Por el lado derecho del cuadro, Croacia, de las sorpresas del campeonato e Inglaterra, que de a poco fue convenciendo al que lo  sigue que puede rendir más. Por el lado izquierdo, el gran candidato Francia, contra una que disfruta de los últimos pasos de su generación dorada al más alto nivel, pues todos llegaron a la cita a punto de caramelo para por fin dejar huella.

El equipo a cuadros, llegó a ubicarse entre los 4 mejores del mundo por segunda vez en su historia, de la mano del famoso “tiki-taka” del que hablábamos recién, pero con la condición de que concretaban llegadas al arco. El esquema suele ser con un delantero referencia (Mándzukic) y otro sin posición fija como Kramaric, y 4 jugadores de buen pie y remate a distancia alrededor. Así, tienen el control de pelota por todo el frente de ataque y pueden aprovechar el juego aéreo, sobre todo del jugador de la Juventus. Pero otra cosa que destaca en el juego croata, es el desgaste y trabajos en común que tienen todos los jugadores. Mario, no es un fijo tampoco en el área rival, pues suele ayudar en la cobertura de espacios y en la marca, y en el caso de Luka Módric, su cobertura de campo es total. Toma las riendas del equipo, manejando los tiempos y asociándose formidablemente con sus compañeros, que como ya mencionamos, también tienen como virtudes la técnica con el esférico.

Sobre los ingleses, pudimos ver que su juego es netamente ofensivo, y surge de los pies del único volante de marca que tiene el equipo, el capitán Jordan Henderson. Él es el encargado de hacerle llegar la pelota a los 6 atacantes que tiene el equipo, contando los carrileros que suben para llegar a esta cifra, porque el resto, son Kane y Sterling arriba, y dos media puntas como lo son Dele Alli y Lingard. Los veloces como Raheem, Jesse o Rashford que suele ser un cambio frecuente, explotan espacios alrededor del “9” referencia. Para defender, bajan los carrileros, armando una línea de 5 y los 3 volantes por delante esperando la oportunidad para interceptar.

Por el otro cruce, si queremos analizar a ambas selecciones, bastan casi las mismas palabras, porque, aunque con un aprovechamiento obviamente diferente de sus estrellas ofensivas, comparten varios aspectos. Por ejemplo, el primordial: hacer daño al contraatacar. Ambos poseen mucha velocidad en las bandas, y jugadores técnicamente dotados para llevar a cabo una respuesta rápida. A su vez, los dos también modifican sus esquemas de ataque moviendo a sus puntas al medio, para generar el juego y utilizar los laterales como punteros. En el caso de Bélgica, es Hazard el que corta para filtrar pelotas, y en el caso francés, son Griezmann y por momentos Mbappé, los que generan el juego. Claro, todo es más fácil si por detrás están jugadores como Pogba o De Bruyne, y por delante un delantero que mande a guardar todo lo que le dan, como es el caso de Lukaku. En este tema sufre Francia, ya que sorprendentemente, Giroud no convirtió goles hasta el momento, siendo además el único en el plantel capaz de hacer de “tronco” en el área rival, pero la solución de “Les Bleus” está por otro lado.

Veremos cuál método logra coronarse campeón del mundo.

Kanté: de Boulogne a Rusia

A medida que pasan los años en la vida, uno va entendiendo mejor las cosas, tal vez por experiencias vividas, porque el tiempo te permite razonar de otra manera, o simplemente uno llega a un punto de análisis más claro con respecto a tiempo atrás. Así uno comprende que en el fútbol como en la vida todo tiene un balance, un punto intermedio, algo que nos marca firmemente que no pueden existir excesos, ni tampoco escatimar en recursos, ni que las partes de un todo queden desiguales.

En el plano futbolístico sabemos claramente y entendemos que la velocidad en nuestro deporte es muy importante, siempre y cuando este bien aplicada, correr rápido por correr no nos sirve, así como tampoco hacer todo lento, ni defenderse, ni atacar lento, eso nos quitaría un montón de posibilidades, reduciéndolas a un porcentaje muy menor de lograr un objetivo, para ser más claros, un equipo no puede ser una carroza con acoplado, ni un tren bala. Para lograr ese término medio sale un nombre común en la selección francesa de fútbol. Y es ni más ni menos que: N´Golo Kanté.

Hacemos un breve repaso por su historial, solo para remarcar algo interesante. Hace su debut en el fútbol profesional en el 2011 en el US Boulogne, posteriormente pasa al SM Caen, como no podía ser de otra manera, así como una atracción de un imán al metal, fue descubierto por un amante del fútbol, y sobre todo aquel que sabe y le gusta eso del equilibrio, tal vez demasiado, pero fue Claudio Ranieri quien se lo lleva al Leicester City. Juega una temporada y sale campeón de la Premier League, vaya manera de llegar a fútbol inglés. Un año más tarde llega al Chelsea de Conte, y allí se transforma en el primer jugador que después de Eric Cantona logra obtener dos títulos consecutivos, con diferentes clubes. Menuda manera de hacer historia.

En la selección nacional francesa hace su debut en un amistoso contra los Países Bajos, y como si del destino se tratará, o mejor aún, como si fuera una idea futbolística o proyecto a seguir, reemplazó a Lass Diarra, otro icono y referente del puesto más lindo del fútbol, el de volante central. Aquel puesto que tan poco es valorado, y tan desapercibido pasa para aquellos que no ven el fútbol, solo miran un partido. A partir de allí se adueñó de la posición en Les Blues, al punto tal que hoy es el cinco natural de Francia.

Si nos detuviéramos en la mitad del campo en un juego de Francia, más precisamente, si miráramos a través de los ojos de N´Golo, observaríamos: a nuestro lado, a Paul Pogba, aquel jugador elegante de gran estatura, que siempre tiene la tendencia de ir hacia adelante con el balón siempre al pie, a su izquierda pasa a toda velocidad Lucas Hernández por el lateral, si giramos la vista a la derecha Benjamin Pavard hace lo mismo por la otra banda. Y en ese ámbito se mueve nuestro actor principal.

Recuperador nato, de omnipresencia en campo propio, y hasta logra pasar si es necesario a manejar juego en campo contrario, cumple con las reglas básicas de la posición: recupera y distribuye, de manera eficaz y rápida, brindando ese equilibrio del cual hablamos en la selección francesa, porque jugadores con vértigo sobran, incisivos y ofensivos al mismo tiempo, otro que corre a la velocidad de la luz como Mbappe y el siempre polifuncional en ataque de Antoine Griezmann. Cuando la cámara que transmite enfoca el campo rival, nadie observa la posición de Kanté, de sus relevos, de sus rápidas transiciones, por qué no, la tan reconocida falta táctica cuando sea necesario y así permitir que el equipo se vuelva a acomodar en defensa en caso de que sea necesario.

Francés, con raíces de Mali, una estatura baja de 168 cm, pero gigante en el césped, con 27 años que lo depositan con la experiencia justa en esta cita mundial, de manejo diestro, para jugar y unos 70 kg aproximados de pura fibra, por todos estos componentes está formado este excelente Volante central de recuperación.

Fiel a una idea futbolística, que quedó de manifiesta a lo largo de la Copa del Mundo Didier Deschamps logró seleccionar al indicado para la posición, si, el equilibrio en su mejor medida.

El penal de Zalayeta

El 16 de noviembre del 2005, un día de esos que uno quiere borrar de la memoria, pero que no se puede, por más que intente. En Sydney, la selección uruguaya llegaba con ventaja para el partido de vuelta de la repesca mundialista contra el local, Australia.

Hasta ese momento, en dos lustros habían pasado diez entrenadores distintos, siendo Víctor Púa el único que repitió dentro de esos diez. Casi un entrenador por año. Y los resultados no pudieron ser buenos.

Una selección con jugadores que, si bien tenían cierto nivel en Europa, su adhesión era nula en la mayoría de los casos cuando les tocaba vestir la celeste. Ni hablar una idea de juego, las carencias tácticas eran brutales. Un rejunte de jugadores que venía a cumplir, a sacarse de encima los partidos, que les daba pereza viajar.

Si bien viví otros procesos de Clasificatorias, la del 2006 es la primera que recuerdo con un poder crítico (si se quiere) sobre lo que veía. Juan Ramón Carrasco, que llegaba con un currículum bastante dudoso -solo una gran campaña con el modesto Fenix en Uruguay- asumía en la selección impuesto por quien entonces, manejaba los hilos de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Francisco Casal.

Nos vendió jugadas preparadas, nos encandiló un debut ganándole 5-0 a Bolivia, un juego ofensivo, de buen toque corto y con la capacidad goleada innata de Javier Chevantón e incluso de Diego Forlán. Ese día, de hecho, pensamos que estábamos ante algo nuevo, que no habíamos visto y que el juego de Uruguay podría cambiar. Gozábamos de una identidad. Algo que no habíamos tenido desde mediados de los 90 a la fecha.

Pero en la segunda fecha, la realidad se encargó de poner todo en su lugar. Eso y las decisiones cuasi despóticas y sin sentido del popular “Jotaerre”. Cinco cambios, y el ingreso de uno de los centrales que había sido su compañero de jugador, y que lo había dirigido en Fenix, pero que era suplente habitual en el equipo del barrio Capurro. Jesús Cono Aguiar, como no recordarlo si fue la cara visible del fiasco ese día en Asunción. Puso a un jugador muy venido a menos de la liga uruguaya a marcar a una dupla brutal: Roque Santa Cruz (que jugaba en Bayern Münich) y José Saturnino Cardozo (que rompía records de goleo en Toluca). El resultado fue obvio: derrota 4-1.

Nos ilusionamos con el empate en Brasil, pero la realidad no anda con pavadas, 0-3 en Montevideo ante Venezuela y se acabó el ciclo de Juan Ramón Carrasco. Esto dio lugar a la llegada de Fossati, nada cambió. Siempre encomendado a sus rezos, nunca mostró un ápice de buen fútbol o de tener idea de lo que estaba haciendo. Debutó con 1-3 de local ante Perú y un 0-5 en Barranquilla ante Colombia.

Pero el jugador uruguayo, pese a jugar mal a veces logra cosas increíbles. Llegamos a quedar quintos. Y la historia del comienzo, el partido en Sydney. Ese penal fallado por Marcelo Zalayeta, tirado como quien se quita algo de encima fue el corolario de un ciclo negro de la selección uruguaya.

Y fue el puntapié de algo increíble. La asunción del “Maestro” Tabárez, la presentación de una carpeta con un proyecto que iba mucho más allá del fútbol, que plantea el desarrollo integral del jugador en el ámbito educativo, social y deportivo.

Se propuso una reunión con muchos jugadores ya históricos en Nueva Jersey, les propuso lo que quería y muchos no aceptaron. Jamás volvieron y lo bien que hicieron. La selección tenía un líder, el resto es historia conocida.

Siempre se puede estar peor, pero en el momento que uno toca fondo debe tener un instante de lucidez. En Uruguay pasó eso y hoy podemos decir que salimos 5tos en un Mundial, 12 años después de que llegara Tabárez, y que fue mérito suyo.

Fellaini, Lukaku y a semis

Marouane Fellaini, en palabras de mi compañero Sebastián Parnes: “Un nadacampista”. Fue tal vez, la llave que termina de liquidar el partido de ayer entre brasileros y belgas.

Pongámonos en contexto: Hasta el momento, Roberto Martínez venía alineando a un equipo que jugaba con línea de tres en el fondo y que juntaba un doble pivote con Axel Witsel y Kevin De Bruyne. Esto servía para tener siempre asegurado una salida muy limpia con el balón, generar transiciones rapidísimas y siempre a un toque, con la mayor calidad posible. Además, el hombre del Manchester City, partiendo desde atrás y con panorama de campo ha hecho una temporada fenomenal en la Premier League.

Ante Brasil, Rob cambió. Alineó cuatro hombres en el fondo, le dio el lateral izquierdo a Vertonghen y puso a Chadli por delante. Pero en el medio está el asunto. Un doble pivote durísimo con Axel Witsel y Marouane Fellaini. ¿Por qué entró el peludo del Manchester United? Muy simple, por el juego aéreo.

El ex Standard de Lieja fue quien ganó más duelos aéreos en todo el juego (7) de los cuáles dos fueron dentro de su área, pero cuatro, en la zona de influencia del saque de Thibaut Courtois, generando segundas pelotas que Romelu Lukaku aprovechó de manera brutal.

Justamente, otra de las virtudes o puntos positivos del ingreso de este jugador fue permitir a Lukaku no participar en la defensa de las pelotas paradas. En otros partidos, Romelu iba siempre metido en su propia área, aprovechando su envergadura para restar balones por alto. Esta vez, esa función la cumplieron los tres defensas de siempre y Fellaini, dejando a su compañero de equipo pronto para salir de contragolpe.

El gol de Kevin De Bruyne es una muestra de ello. Corner a favor de Brasil, la pelota sale repelida del área por la defensa y quien toma contacto con el balón ya en mitad de cancha es Lukaku, que se había quedado en esa zona. Se desmarca de Fernandinho (como en toda la noche en Rusia) y consigue girar y avanzar con su zancada de cara a Allison.

Con su movimiento en “U” desconcierta a todos, porque el equipo se vuelca sobre la banda derecha (mirando desde la defensa de Brasil) pero por el lado ciego ya estaba desmarcados y con muchos metros para maniobra Thomas Meunier y el autor de gol.

Dos a cero y el partido demasiado cuesta arriba. El fútbol es hermoso y tomar una decisión que influye en el resultado debe ser de las cosas más satisfactorias para un entrenador. Roberto Martínez creyó en un jugador que ha tenido una pésima temporada en Manchester United, pero que le brindaba un aspecto del juego, que se hizo clave y le resultó. Romelu Lukaku y todo Bélgica, felices.

Hay una pieza que falta

Pelé, Romário, Ronaldo. La tríada de centrodelanteros campeones del Mundo con Brasil. A veces, uno piensa que ser número nueve en Brasil es algo a priori sencillo, que todos pueden hacer. Es que la selección verde-amarelha es un carnaval de jugadores con una capacidad de regate brutal, mucho desborde y balones al área. Toda la vida fue así.

En este Mundial no fue la excepción, si bien la ausencia de Dani Alves ha sido brutal para el equipo de Titê, porque junto con Marcelo son organizadores en banda que van haciendo progresar al equipo y le brindan una anchura de campo brutal, tampoco podemos decir que Willian o Douglas Costa no cumplieron con la función, al menos, de la amplitud.

El problema, o uno de ellos para Brasil en los últimos ocho años es la ausencia de un centro delantero que brinde tranquilidad, que haga goles. Recordemos que, en la pasada Copa del Mundo, quien llegó con la chapa de titular fue Fred, con 31 años se puso en su espalda la responsabilidad de liderar a partir de goles al equipo local. ¿El resultado? Malísimo, un gol. Fue ante Camerún, en la tercera fecha. Jugó todos los partidos, y en tres ocasiones los 90 minutos.

En Rusia 2018, Brasil llegaba con un delantero que daba con las prestaciones necesarias, pero que tampoco había sido la solución siempre para el entrenador, de hecho, la duda era si él o Roberto Firmino para esa función. Justo, otro jugador que tampoco es el “nueve” finalizador que necesita Brasil. Gabriel Jesús completó tres partidos, pero jugó en los cinco que disputó su equipo. Y su saldo fue peor que el de Fred hace cuatro años: cero anotaciones.

El estilo de juego brasilero puede cambiar conforme pasen los años, podemos pasar desde lo que hacía Tele Santana, o Parreira hasta llegar a Dunga o Titê, pero hay cosas que son invariables. El desequilibro por las bandas para finalizar con un pase al área para el delantero centro es una de las bases del estilo futbolístico de ellos. Y tener un finalizador letal, te soluciona la vida.

Brasil en esta Copa del Mundo intentó por todos lados, sobrecargó si, la banda izquierda con las subidas de un Marcelo Vieira que cuando estuvo fue excepcional, las diagonales de un Neymar que fue aislado contra Suiza y Bélgica pero que gravitó en el resto de los partidos. También por banda derecha tuvo su generación de peligro, Willian ante México y Douglas Costa ante Bélgica son unas muestras claras. Tal vez, le faltó profundidad por el medio y llegada desde segunda línea.

Parece increíble que Titê haya jugado todo el proceso eliminatorio con un doble pivote Paulinho – Renato Augusto, y que este último no haya sido titular nunca, y ante Bélgica, desde el banco ha demostrado que tiene mucho criterio para llegar al área rival.

Fueron superados por Bélgica en todas las líneas y en todo momento, incluso, cuando Brasil parecía que lo podía empatar. Pero la falta de un finalizador de los arranques de Neymar, los centros de Marcelo y las incursiones por banda derecha ha sido el pecado capital de Brasil en esta Copa del Mundo.

Cumplir en silencio

Después de sortear la primera fase finalizando primero en el grupo F, delante de México, y dejando eliminadas a Corea Del Sur y nada más ni nada menos que a la gran Alemania; Suecia tenía por delante a Suiza, que en principio tenía, más nombres, más juego y contaba con cierto favoritismo a la hora de pensar en el duelo que los iba a depositar en cuartos de final.

Ya lo habíamos anticipado en la previa al mundial con el análisis de los suecos, que cuentan con ventaja, respecto a ciertos equipos que participaron del mundial; saben a qué juegan, con sus defectos y sus virtudes. Esto no es mera casualidad, sino que es el resultado de un trabajo que se viene realizando con el ingreso de Janne Andersson a cargo de la dirección técnica de la selección.

Tácticamente clásico, 1-4-4-2, bien compacto y equipo corto, donde todos los jugadores se sacrifican a la hora de marcar al replegarse, como así también al generar presión en campo adversario. Si observamos a Suecia en el campo desde una imagen congelada podemos ver como cada jugador respeta su posición en campo propio como rival.

Vamos al partido contra Suiza:

Defensa compacta, sin grandes novedades ni cambios con respecto a partidos anteriores, casi de memoria diría el futbolero medio, Lusting – Lindelof – Granqvist – Augustinsson. Cuatro defensores que claramente se caracterizan por su robustez y practicidad a la hora de esperar los embates rivales. Los laterales son muy medidos a la hora de pasar al ataque, casi contadas las veces que lo realizan por partido, como si esperaran una autorización para hacerlo.

Cuando pasamos al medio campo, y acá me quiero explayar bien, donde vemos a Claesson de volante por derecha, de gran recorrido y colaboración tanto en ataque como en defensa, sacrifico puro por el bien del equipo, no solo por banda, sino que también a la hora de cerrarse al medio si es necesario. Svensson en función de doble cinco junto al mejor jugador de Suecia, Albin Ekdal, y no lo es por nombre, ni siquiera los es porque actualmente juegue en un club grande de Europa. Este volante mixto es la gran sorpresa sueca, en campo propio es un recuperador con rápida salida hacia los volantes o delanteros, en caso de que se a un toque o trasladando el balón, por criterio a la hora de manejarlo y por entender que necesita la jugada en cada momento que su equipo se hace de la posesión del juego. En el partido de hoy, no solo fue eje y motor de Suecia, sino que también tuvo dos situaciones claras de gol, seña de que su despliegue le permite llegar al arco rival a la hora de atacar.

Emil Forsberg, si bien ocupa el sector izquierdo en el medio campo es el primer volante en sumarse a la presión alta de su equipo, sumándose a Toivonen y a Marcus Berg, generando un tridente a la hora de incomodar a la defensa suiza. Estos dos últimos son los delanteros que llegaron a Rusia casi desapercibidos, más aun teniendo en cuenta la ausencia de Zlatan Ibrahimovic, por decisión del propio técnico.

Una jugada arriesgada la de Andersson, que hasta el momento le da resultado y vaya sino, ya están en cuartos de final, casi en silencio, priorizando la tranquilidad del vestuario, al tener que soportar los caprichos de una estrella.

Con la soga al cuello

La expectativa que el mundo fútbol tenía sobre este partido era inmensa pero creo, esperábamos un poco más de ambos.

Inglaterra salió con su clásico 1-3-5-2 con el joven Pickford en el arco y en la ofensiva con Kane y Sterling como doble nueve algo mentiroso. Colombia por su parte cambiaba un poco el esquema, como México, cambiaba su 1-4-2-3-1 por un 1-4-3-2-1 con un trivote en el medio de mucho músculo con Wilmar Barrios, “la roca” Sánchez y el jugador del Levante: Jefferson Lerma. Arriba con Quintero y Cuadrado por detrás de la referencia de área: Radamel Falcao.

El partido comenzó con el equipo de las islas británicas tomando la iniciativa, siendo en todo momento eléctricos y enérgicos, con y sin pelota. A lo que los cafeteros pareció tomarles por sorpresa. Parecían como perdidos, desconcertados.

A eso de los ´20 minutos el partido comenzó a emparejarse. Si bien Inglaterra tapó muy bien la banda derecha de Cuadrado y Arias, hoy, Mojica aprovechó, un poco, el carril que dejaba libre Quintero constantemente sabiendo que a su espalda contaba con el relevo de un de esos tres mediocampistas marcadores ya mencionados. Otro movimiento al que Colombia hubiera podido sacar mucho jugo y no lo hizo demasiado fue la presión alta; las pocas veces que lo hizo quedó 3vs3 Cuadrado-Falcao-Quintero vs Walker-Stone-Maguire, la única vez que lo hizo, los ingleses sortearon el balón.

Así se fue la primer mitad, simplemente con momentos, sin mucha profundidad, respetándose demasiado y sin casi exigencia a los porteros. Se fueron al descanso con un debe futbolístico mutuo y una promesa de mejorar.

Y como lo prometido es deuda, para la segunda mitad -a pesar de la emoción- el fútbol no apareció. A los ´55, como lo fue durante la historia de la humanidad, el equipo europeo se encontró con un regalo latinoamericano. Penal, Kane, gol. Ecuación perfecta. Inmediatamente Colombia entró en pánico, se convirtió en un manojo de nervios y mal humor. Se llenó de tarjetas y parecía alejarse cada vez más de los cuartos de final. Paró una especie de línea de tres defensores con Barrios ingresando entre los zagueros Mina y Sánchez. A todo esto Inglaterra se empezó a sentir cómoda y acariciar la clasificación, paso a una línea de cinco atrás y concedió por momentos la pelota a los cafeteros que parecía pesarles.

Cuando el juego agonizaba y los muchachos de Pékerman parecían irse ya a armar las valijas apareció un tiro exterior -un de los pocos al arco- que buscaba el ángulo por parte del mediocentro Uribe que motivó una atajada impresionante de Pickford para mandarla al córner. En el córner se generó la primera incursión aérea de Colombia en el área británica, quien sino Yerry Mina saltó más que nadie y mandó el partido al alargue como un milagro caído del cielo.  

Para el “primer chico” se invirtieron los roles. Colombia entonada anímicamente con el gol tomó la posta y fue la que más quiso en los primeros ´15, mientras los ingleses parecían dominados, perdidos y sobretodo imprecisos. Sin embargo, para los segundos ´15, la pelota y el cansancio comenzaron a pesar cada vez más, aún así, Inglaterra tomó por momentos las riendas del juego he incluso generó un par de ocasiones de peligro. Pero a grandes rasgos, como suelen ser lo tiempos suplementarios, ambos se cuidaron y no tomaron demasiados riesgos por miedo a las posibles consecuencias. Primó la paridad y con el 1 a 1 se fueron a los penales.

Y el fútbol es así, te da y te quita. Inglaterra hizo cuatro, Colombia tres y Uribe, héroe por generar el córner del gol cafetero se convirtió en villano tras estrellar su penal en el horizontal. Colombia remó y remó pero murió en la orilla. Inglaterra se metió en cuartos pero con la soga al cuello.