Ben Foster al rescate

En Vicarage Road se juntaban dos campañas contrapuestas hasta el momento. El buen torneo del Watford de Gracia y el deficiente curso del Huddersfield de Wagner. Las caras de estilos a los que en su mayoría la esencia “Premier” se los come, pero en los cuales jugadores como Roberto Pereyra o Aaron Mooy pueden dar cuotas contrarias, adjudicándose a ellos mismo el rótulo de ‘diferenciales’.

Aun gozando de una jugada y gol messiánico por parte del nacido en Tucumán, la estrella rotunda del partido fue Ben Foster. Nada más cruzar la mirada con una estadística más que evidente: 7 atajadas. Y muchas de ellas con poses dignas para los fotógrafos que se asentaban a los alrededores. Probado de muchas formas y siempre respondiendo, para que gente como Deulofeu, Pereyra o Hughes, aprovechen una posesión un tanto compartida, pero sacando mayores y mejores réditos ante un equipo que no encuentra el rumbo todavía en el torneo. Lo sufre y el ‘26’ agudizó dicho sufrimiento.

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Por momentos, era el Huddersfield quien encontraba los espacios medulares para disparar hacia Foster. Pases de afuera hacia adentro horizontales para desagrupar al Watford y encontrar las grietas disponibles. En este trabajo, era Jonathan Hogg quien se hacía eje para distribuir la pelota y provocar las ocasiones de los terriers que no encontraban fondo.

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Los ataques del Watford tenían una mayor calidad individual y con buen nivel de interpretación en los últimos metros. Deulofeu, Pereyra y Hughes moviéndose por sectores internos o externos, buscando los menos pases posibles para intentar dañar a su rival.

La victoria sigue atribuyendo al Watford una temporada seria, en la que en su momento lo tenía líder del campeonato, mientras que al Huddersfield lo tiene en la zona más baja de la tabla de posiciones, compartiendo el lugar con el Newcastle de Rafa Benítez, más unas sensaciones de frustración difíciles de manejar.

Everton y Fulham: choque de proyectos

El partido en Goodison Park tenía buen olor, entre equipos reforzados y con un ADN Premier fresco. El 1-4-2-3-1 de Marco Silva que poco a poco va asentando, con niveles en algunas ocasiones dispares y con picos de rendimiento, ante el Fulham de Jokanović que nuevamente volvió a cambiar sobre el papel: ahora con Seri de mediocentro, con Zambo Anguissa en el interior derecho y Ryan Sessegnon en el ‘falso interior’ izquierdo:

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Precisamente de la acción señalizada en la imagen, parte la primera oportunidad de riesgo generada por el Fulham y de las botas de Seri.

El primer tiempo tiempo fue, generalmente, neutral entre ambos. Solo conducciones de Richarlison o la clarividencia de Seri en el mediocampo, ofrecían variantes para tener ataques más directos o con mejor progresión. Un silencioso Goodison Park caía también en la pasividad con la que se jugaba. El Fulham se veía con una predisposición un tanto mayor para disponer de la pelota, pero con pocas luces para atacar por la banda de Joe Bryan. El accidente de Fosu-Mensah al comenzar el partido, había mermado el ataque por el lado derecho, y con Cyrus Christie en ningún momento hizo suponer lo contrario.

La dupla Davies – Gueye no mostraba signos de control en el partido, pero sí imponía cierta intensidad manteniendo el bloque medio, esperando recuperar para volcar los ataques por las bandas. Con esto, la influencia de Sigurdsson se hacía mínima, ya que no tocaba demasiadas pelotas para él, tratar de imponer su ritmo. En la segunda mitad, el Everton mostró otras credenciales al iniciar nada más: adelantamiento de líneas, presión más arriba, mejores recorridos y otro ritmo de partido. Si hay algo que ha penalizado al Fulham en la Premier League, son las desatenciones defensivas que muestra, y esto se evidenció en los goles de Gylfi y Cenk Tosun.

Con el paso de los minutos y el marcador a favor, los de Silva se acoplaron mejor al partido a través de la pelota y era casi nula la influencia en ataque que podían realizar tipos como Vietto, Schürrle o un Mitrović. Los dos primeros compartiendo turnos en la mediapunta, pero sin determinar a su gusto las apariencias que metros atrás mostraba Jean Michaël cada vez que se hacía de la pelota. Tomando ya a un Fulham en intentos caídos y desorden en sus líneas, llegó el tercer gol tras una conducción de Bernard, esperando la llega del ‘10’ blue.

Sin todavía definir su once titular, Marco Silva, sigue en probaturas para conseguir el mejor y mayor rendimiento de sus hombres, y por ahora, posicionarse detrás de un Manchester United en la tabla. En la mitad de la clasificación y en la búsqueda de su funcionamiento.

Aleksandar Mitrović al rescate

Quizás en Craven Cottage se jugaba uno de los atractivos de la jornada de Premier League. El Watford de Javi Gracia con las necesidades, a priori, de un equipo de mitad de tabla, pero con la actualidad de jugar para meterse en la cúspide que hasta hace poco ocupaba junto al Chelsea o Liverpool. Esto no se entendería de ninguna manera, entre tantas cosas, sin la presencia de un Abdoulaye Doucouré que representa, sin duda, una de las características del equipo de Vicarage Road: presencia e intensidad.

Del otro lado, con la presencia en el estadio de un mítico Clint Dempsey, los de Slavisa Jokanović salían con el 1-4-4-3 en el intento de introducir sus mejores herramientas. Varios de ellos, recientemente fichados en el último mercado. Pero queda claro una vez más que no se trata de cuánto fiches, sino de cómo lo hagas y bajo qué idea que sostengas esos “refuerzos”. En este caso, una de las mejores noticias en un inicio del Fulham un tanto agrio tiene nombre y apellido: Aleksandar Mitrović.

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Aleksandar Mitrović vs Watford (90 minutos).

Sus números lo refrendan con los remates al arco y también con la cantidad de duelos ganados ante Cathcart o Kabasele. Pero esto termina siendo pura estadísticas en las cuales muchos se pueden “amparar” sin haber visto ni un minuto de las cosas que ha producido el serbio en sus posteos y arrastres de marca, para dejar la zona de mediapunta limpia para las interacciones de Vietto (hoy muy móvil) o André Schürrle, en el segundo tiempo mucho más activo.

Las arremetidas del equipo de Gracia, con un excelso Doucouré en cuanto a despliegue, se hacían profundas ante la poca solvencia del dúo Mawson-Chambers y ante los buenos movimientos del dúo de ataque hornet: Deeney-Gray. Y cabe recalcar algo en este suceso: el acompañamiento y llegadas de muchos hombres para dejar a Capoue, casi, como mediocentro puro para Javi Gracia.

En el rival, algo similar: momentos en salida de armar línea de 3 en defensa con McDonald “sumándose” a la zaga, para dejar a un Seri movedizo en la zona medular e intentar engranar juego. Algo dicho sea de paso bastante en falta para los whites. ¿La explicación? Las características más anárquicas en cuanto a juego de los centrocampistas, exceptuando a Jean Michaël. Por tanto, es uno de los (tantos) registros, que todavía tiene al debe Jokanović con su Fulham. Quitarle menos “registro Premier” e instalarle el control mediante el juego asociado.

Jugar simple, que es lo más difícil.

Urgida victoria para los Spurs

El partido en el Falmer Stadium tuvo el guión de una película de acción: la primera parte controlada, contando la historia de los personajes, sin mayores “atractivos” en cuanto al peligro y más; la segunda parte, en su mayoría, tuvo toda la actividad y produjo el interés, por el cual (de antemano) uno elige verla. Así fue el partido que disputaron los equipos de Hughton y Pochettino.

Los de Chris llegando de dos sendos empates ante Fulham y Southampton, mientras que el Tottenham de tres durísimas derrotas juntando Premier y Champions. ¿La idea de Mauricio? Recuperar inmediatamente sensaciones de potestad sobre un partido, realmente. Pero no solo eso, sino que a la vez, aquella paternidad transmitirla en el marcador, sin aspavientos. Pues el Brighton eso supuso en gran parte del partido.

Los intentos de presión (en ambos tiempos) del local, bajo su 1-4-1-4-1 asimétrico, fueron desligados por un Tottenham que volvió a alinear a la dupla Dier-Dembélé. Pero esta vez con un rasgo: Eric ya no tomaba la altura en el campo respecto a Eriksen, como en partidos anteriores, sino que se movió en relación a su colega, repartiéndose en “partes iguales” la zona de organización del equipo. Como en los mejores momentos en función del equipo, para abarcar mejor los sectores en la mitad.

Apenas el Brighton pudo llegar a los 78 pases en el 1T, con un dominador absoluto como el Tottenham, que al gol llegó por medio de un penal anotado por Kane. Pero que lo necesitaba como el agua en el desierto. En el intento de alargar al equipo, fue Kane quien se recogió muchas veces para generar distintas opciones de pase para sus compañeros, quienes con Alderweireld y Vertonghen, mantenían el bloque junto. Tanto para defender como para atacar por el centro, burlando los exteriores de Kayal o de Pröpper.

Las entradas de Lamela y Alli fueron precisamente para esto: generar más pases interiores, pero el hándicap era “desproteger” las franjas. Y esto fue oxígeno para el Brighton pero padecimiento para Trippier y Rose, sobre todo para el primero quien fue superado algunas veces en su espalda por Solly March y Anthony Knockaert.

Pero cada causa, tiene su efecto: Lamela leyó bastante bien esto para internarse por el carril central (con el Brighton adelantando líneas) y conducir hasta llegar a portería rival para definir el 0-2 a placer y poner tablas de por medio. Eso enfrió el partido hasta el gol del descuento.

El Tottenham volvió a la victoria, y en cierta manera, regresó a un funcionamiento que se acerca (un poco) a su mejor nivel, aunque está, aún lejos.

Los Spurs no fueron Stars

El Giuseppe Meazza no hubiese soñado un mejor regreso a Europa que el que tuvo frente al Tottenham. Pero claro, nadie impide a otros soñar, y seguro que unos cuantos sí le dieron la derecha a sus sueños, porque el Inter en 7 minutos le dio vuelta a un marcador que hasta el 85’ lo tenía abajo. El 1-4-4-1-1 de Spalletti frente a un mermado Tottenham que aterrizaba en Milán luego de perder en Wembley frente al Liverpool. Otro escenario de altura para los de Pochettino y otro escenario en el que dejan dudas referente a su funcionamiento. Recordemos que hace unos meses en Turín habían hecho un gran partido y en Wembley (que también lo hacían) acabaron perdiendo la serie ante una Juventus que le echó el grado de historia en unos boletazos de minutos.

El ataque del Tottenham volvió a ser denso. La salida con la pelota al pie, característico de los de Pochettino, siguió siendo demorada y por ende, no logró gobernar el partido a su modo. Pero claro, ante mucha estrategia, aparece la impronta. La naturalidad del futbolista talentoso y capaz de romper los bloques con una inspiración fugaz. Y cuando hablamos de talento en estas líneas, se hace imposible mencionar a Christian Eriksen cada vez que juegan los Spurs.

El dúo Vecino – Brozović fue encargado de cubrir ancho y largo del centro del campo para cortar los circuitos de juego del Tottenham, y vaya que en gran parte del partido cumplió. Siempre atentos en repliegues y defensa posicional ante lo estático que se presentaba el rival. Spalletti diseñó un partido en el cual no le pudieran hacer daño, tan es así que mandó a Škriniar a cubrir la zona lateral diestra vs Heung-min Son. Es decir, Luciano renunció a cualquier ofensiva del lado derecho, ya que tampoco estaba Candreva para ganar metros y lanzar hacia un Icardi que estaba siendo merendado por Sánchez – Vertonghen.

Decía Cruyff que “en el fútbol debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”. Y esto aplica para sentenciar los goles de Eriksen e Icardi. Uno siguió la jugada que no acababa y el otro retrasó su posición para soltar una volea hermosa y trastocar los planes de un Tottenham, en ese momento, dañado mentalmente. Luego también hay una frase hecha que dice que “dos cabezazos en el área siempre es gol”. Pues esto se cumplió tras el primer toque de de Vrij y el hachazo de Vecino para ganar en la vuelta a la Champions League.

Con esto el Tottenham ha enlazado tres derrotas consecutivas. Pero eso no es lo peor, sino las deficiencias que está mostrando para construir y mandar en el partido frente a sus rivales. El Brighton el fin de semana asoma como una prueba tentadora para redimirse en cuanto a todo lo que engloba un partido de fútbol: idea, sensaciones y ejecución de la misma.

Las malas sensaciones del Tottenham

Pocas veces vamos a encontrar a un Tottenham de Pochettino falto de ideas. Y en el peor de los casos, con fallos ciertamente clamorosos a la hora de manejar la pelota. Siendo esto último una de las mejores asignaturas de los Spurs. Pero en Wembley se juntaron ambas cosas e hicieron que el Liverpool de Klopp casi ni padeciera. Para Alisson, la gran parte del partido fue un alivio más que una angustia. Dicho esto, que no pase desapercibido el arranque algo lento en cuestión de funcionamiento de quien hace de local (por ahora) en Wembley. La derrota en Vicarage Road ya había dado los primeros síntomas, y antes de la semana de Champions League, también se hizo pagar el mal momento.

El abanico que formuló Klopp (sin Henderson) en el mediocampo tenía una consigna: quitar espacio a los pases internos para que el Tottenham tuviera que retroceder siempre los pases hacia el primer triángulo que supusieron Vorm, Alderweireld y Vertonghen. El mandato surgió efecto casi en la mayoría del partido, ya que ni Winks o Dier (recostado al interior derecho) y mucho menos Dembélé pudieron contar con segundos para engranar las jugadas hacia unos lejanos Lucas Moura o Harry Kane. En pocas palabras, el Tottenham se iba alargando en el campo mientras los minutos excedían.

La presión imperiosa y el acomodo del Liverpool para atacar la zona ‘Danny Rose’ fueron vitales. No siempre con velocidad un lateral tiene tiempo para todo, y fue lo que pasó con el ‘3’ de los Spurs. El dúo Salah-Milner puso la soga de entrada y solo desajustó mientras ellos quisieron. Entre tanto llegaba un gol de Wijnaldum que no caía de maduro respecto a la solvencia con pelota del Liverpool, pero que inclinaba de cierta manera el partido por un mejor hacer en cuanto a la estrategia. La pelota era white hasta donde querían los reds.

Mousa Dembélé no es mediocentro. Se vio en Rusia y se volvió a observar en Wembley. Su posicionamiento y despliegue depende mucho de quien tenga al lado y lo potencie (Dier). Sus errores al replegar o en pases de oxígeno se vieron insultados, y solo duró 60 minutos para que Poche haga entrar a Lamela y ser algo más ambicioso. Eso tampoco funcionó. Ni luego con la entrada de un Son librado del mayor castigo (servicio militar en Corea). El atasco era visible tanto en propuesta como en ejecución. Mientras eso pasaba, Vorm se encargaba de sacar algunas pelotas dentro de su portería. Y como casi anécdota llegó un buen gol del ex River Plate (Lamela). Dos despistes en Premier League para el Tottenham (Watford y Liverpool) y en la orilla de la semana el Inter en el Giuseppe Meazza. Gratos recuerdos de un Bale que ya no está.

El éxtasis en Vicarage Road

Tal y como se lleva el día a día de las personas en el mundo, diría que hablamos que un éxtasis social en cada tema que se toque. El tiempo es menor cada vez más (parece), los días tienen menos horas y las personas menos paciencia. Y el fútbol no es ajeno a esta realidad imparable. El éxtasis es más perdurable. Los triunfos se cuentan muchas veces como campeonatos y las derrotas como descensos. Los que son buenos parecen malos y viceversa. El punto medio es para equilibristas.

Entre tanto, hay personas como Javi Gracia (Pamplona, 1970) que hacen maniobras para dedicarse enteramente a lo que les apasiona e intentar duplicar las horas de un día para fortalecer convicciones. “Creo que para hacer bien mi trabajo necesito dominar las cosas que hago. Y para eso necesito tiempo” (palabras de  entrevista para EL PAÍS). Las palabras reflejan su sentir de acuerdo a lo que vive. De acuerdo a ese sentir plantea los partidos bajo una mirada táctica meticulosa, dispuesto a que ningún detalle se le pueda ir de largo.

Su fiereza al momento de hacer sombras de un partido, es la misma con la que ha dotado a sus dirigidos en un nuevo empezar al mando del Watford. Foster, Kabasele, Doucouré, Pereyra (su topstar) y Deeney, se han elevado como las piezas fundamentales del entrenador en un comienzo de curso mucho más que esperanzador para lo que viene. Y la victoria ante el Tottenham de Pochettino lo certificó. En su 1-4-4-2 asimétrico se pueden enfocar las luces de las características que suele profesar Javi. Un equipo al cual no le quema tener la pelota, pero sí busca los menos pases posibles para llegar a portería rival.

En el fútbol las certezas son variables y las posibilidades incrementables. No hay una receta mágica para ganar, pero sí que hay cosas que a un equipo (todos) lo pueden acercar a ganar muy exponencialmente. En esto se ampara Gracia, en la ‘gracia’ (precisamente) del trabajo. Las experiencias que ha tenido en tierras rusas y griegas, de alguna manera le han hecho conocer nuevas culturas y determinados factores dentro de una plantilla como él recalca de entrenar a jugadores de distintas nacionalidades. ¿Esto por qué? Porque no es simple ingresar en sus mentes y convencerlos que determinada idea es la original y mejor en cada caso para tal grupo.

Si bien el Watford ha sido (tempranamente) comparado con el Leicester de Ranieri, por todo lo que acontece, es cierto que puede presumir de tener ciertas características de ese equipo campeón dentro del éxtasis Premier: el bloque bajo, las líneas juntas, las atenciones posicionales y misma fiereza tanto defensiva como ofensiva, más las distintas llegadas al gol que presentaban los Foxes. Esto último explotó vs los Spurs con el balón detenido. Lo cierto es que el mes de septiembre le depara a los Hornets una actividad muy reactiva, de acuerdo a sus intereses a corto plazo: Manchester United, Fulham, Tottenham y Arsenal.

La plantilla con la que cuenta Javi Gracia es cuantitativa, más no cualitativa. La acumulación de jugadores en determinados puestos le permite al español tener variantes en urgencias, pero esto sin alterar consideraciones ya de por sí marcadas a inicio de temporada, como por ejemplo: la calidad. Diferentes situaciones en las que el talento debería hacerse presente (difícil en este equipo), Javi las seguirá reemplazando por el trabajo fijo y la entrega sin distinción. Por ahora, los de Vicarage Road pueden darse el lujo de compartir el liderato con los portentos de Anfield Road y Stamford Brigde.

Kyle Walker al rescate antes del parón

Así como existen los equipos que disponen, hay otros que muestran otro tipo de plan en el campo. Mejor dicho los que se someten a que el rival haga (o deshaga). Eventualmente, esto es en gran porcentaje por el mensaje que llega desde el banquillo, y es lo que uno imaginaba (como viene siendo) del Manchester City vs Newcastle.

Rafa Benítez mandando a los suyos (1-5-4-1) en una operación que hasta cierto punto parecía posible: intentar sacar puntos del Etihad Stadium. Sistema no ultradefensivo, sino lo siguiente. La única “amenaza” para la defensa del City era un Salomón Rondón que vaya si se movió bien en buena parte de sus minutos. De seguro se encontró con una de las estrategias más desoladoras, pero contribuyó con una asistencia para un empate que sería aire para las urracas hasta el 2do tiempo.

El gobierno de la pelota (y del partido) era skyblue, pero la cara de Guardiola daba muestras de fastidio porque el Manchester no reflejaba en el marcador lo que sucedía en el verde. Muy aparte que, en los metros finales del territorio de Dúbravka, los cityzens no tenían la misma clarividencia que en metros más atrás, para penetrar las instalaciones del rival y dejar de cara a los delanteros. El último pase se atracaba. Los arrastres de la última línea del Newcastle eran el negocio, pero los lados de Fernandinho eran los lugares a ocupar para sacar petróleo y acercarse a Ederson, sumado al versus que planteaba el venezolano con John Stones (sacarlo de la zona): gol de Yedlin.

Hasta un momento del 2doT, el Newcastle apenas había completado los 100, cuando los de Pep parecían disparados a lograr los cuatro dígitos. Pero no precisamente tras una seguidilla de pases que acabase en el área iba a venir el gol. La utilización de los remates de sus mejores jugadores (como Sterling en el 1-0) fue decisiva: zambombazo de Kyle Walker viajando por un mar de piernas imparable para Martin era el puntazo para ganar enteros en el partido.

Silva barriendo delante de Fernandinho instaurado como pivote en un sistema ya conocido como de los más flexibles del mundo fue uno de los recortes del partido. Mendy, que gana metros interiores (aparte de los exteriores) fue un movimiento peculiar. Tal y como pasaba en su momento con Delph o hasta Zinchenko. Sin De Bruyne (más Sané), sufre de retoques el mediocampo para Pep, mientras tanto, era necesario no perder pisada antes del parón FIFA al Chelsea y Liverpool.

De Quintero para el mundo

A comparación de Brasil 2014, la fase de grupos para Colombia se ha antojado dificilísima, en la cual con un gol de Yerri Mina, se ha metido por la ventana, como primera de grupo, a los 8vos de final de la Copa del Mundo. Como anécdota quedará la segunda plaza del grupo para una selección de Japón que ha clasificado por una diferencia de tarjetas amarillas respecto a su competencia (Senegal).

Pero esto no es lo que debatiremos aquí, sino es más que la presencia ineludible y significativa para los de Pékerman de Juan Fernando Quintero. El ‘10’ que lleva la ‘20’ flameando en cada campo de juego de Rusia. Si en Buenos Aires, en los últimos meses Juanfer estaba dando cada fin de semana una exhibición de fútbol con River Plate, ahora en el Mundial, da más indicios de reconexión y despegue acelerado desde su botín izquierdo.

Recompuesto para José Néstor en su posición natal, con tan solo dos obligaciones requeridas y necesarias: ser el primer o segundo hombre (con Falcao) en lanzar la presión sobre el poseedor del balón rival y ser el primer hombre en iniciar el juego para Colombia. Esto quiere decir que, tiene el derecho extra de desparramarse a su gusto por el campo de juego, siendo el futbolista con el pase más elegante e interiorizado desde pequeño. Una cualidad innata para asistir a los delanteros de su equipo.

“Bueno, mi fútbol es darle el balón a los delanteros y tocar con todos mis compañeros”.

                                                                                               Juan Fernando Quintero (niño)

La frase de un niño que solo quería divertirse en el fútbol, es llevada a la potencia en la Copa del Mundo años después. Sin perder el mismo sentido de lo que hace. Existen jugadores a los cuales les da más placer asistir que anotar. Pues Juanfer es uno de ellos. Y desde luego, todos le agradecemos, en especial su entrenador en la selección.

El estado físico de James Rodríguez ha sido un lastre para el torneo y para las pretensiones de Colombia en el mismo. Aquí es cuando se erigió de figura el ‘20’. Genialidad contra Japón a pesar de la derrota. Figura ante Polonia en una goleada. Y asistente en la victoria contra Senegal. Partiendo de la mediapunta, organizando como un ‘5’, conduciendo como un ‘8’ y asistiendo como un ‘10’. Eso ha sido Quintero en la fase de grupos para Colombia, y el público le agradece. Pese a que lamentaremos su soledad ante Inglaterra.

Construcción sobre la marcha para Brasil

La Brasil de Tite, así como ante Suiza en su debut, ha vuelto a evidenciar problemas en la construcción de juego para que sus mejores talentos rompan las defensas más abroqueladas en lo que va de competencia. Costa Rica, con su sello más que transparente de cerrar pasillos internos y externos, ha sido un hueso bastante duro de roer hasta que un error de seguimiento sobre una marca, mejor llamada una ‘desconcentración’, concluyó en el gol de un descolgado Coutinho partiendo desde el centro del campo.

Los inconvenientes de Brasil, por ahora, mucho tienen que ver con la ausencia de un Dani Alves en el lateral diestro, y desde luego, de un retroceso y cambio de perfil de Coutinho. ¿Por qué incide tanto en el juego la falta de Dani Alves? Habría que preguntarle en su momento a Juande Ramos, Guardiola, Allegri y hasta Unai Emery qué produce tanto el divertido de Alves, para que su ausencia se propague negativamente en la fabricación de juego para sus equipos o hasta al mismo Messi, que desde la salida del brasileño del Barcelona, centralizó su posición a falta de un activo fundamental.

Llamémosle falta de automatismos y magia. Es lo que hacen de Dani un baluarte para que sus equipos presenten una buena y prolija realización del buen pase y el engaño. Porque eso es el lateral de Brasil ausente. A esto, la resta de Coutinho por ese perfil, hace que de manera fortuita, Tite deba edificar, otra vez, una herramienta de conjunto para que su ‘10’, Neymar Jr. no cargue con todo el peso de la presión por hacer destrozos.

El 1-4-3-3 en estático de Brasil, se está haciendo difícil de digerir precisamente por estos matices, ya que las mutaciones, los espacios y lo que abarcan los de Tite con balón, se está atascando prematuramente. La llamada zona de influencia de Marcelo, Coutinho y Neymar, se está viendo, por momentos sobrepoblada a la hora de desplegar el fútbol tan conocido. La entrada de Willian para darle dinámica en la otra frontera de Brasil, se está quedando sin gasolina al no tener un motor con tantos cilindros como Dani Alves. El proceso de reestructuración del equipo de las Eliminatorias que barrió con sus rivales, está todavía ‘verde’ si se quiere, muy aparte, por los problemas físicos de su líder futbolístico.

No siempre con más defensas sobre el campo vas a defender mejor. Y tampoco con más delanteros sobre el campo vas a conseguir más goles. Ante Costa Rica, Douglas Costa y Firmino fueron los elegidos para revertir el 0-0 provisional, y algo de mejoría presentó Brasil ante un equipo agazapado con Keylor Navas atrapando todo. Han tardado los de Tite en darse cuenta de cómo lastimar a su rival, pero al final saborearon el triunfo más sufrido. Y si no es así, que lo digan las lágrimas de Neymar al finalizar el partido.