La sorpresa de la fecha

Es evidente que el partido a disputarse en Stamford Bridge se llevaba todos los ojos y tenía sabor a revancha para el Liverpool que venía de ser eliminado de la Carabao Cup, justamente, a manos del Chelsea, y por si fuera poco, en su casa.

Existen muchos y muy distintos tipos de entrenadores. No todos suelen lograr hacer ver su mano en sus jugadores dentro de las líneas de cal. Pero si hay algo que estoy seguro, es que a pesar de sus diferencias, tanto Klopp como Sarri cumplen con esa enmienda y el partido del sábado, no fue la excepción, desde el minuto cero comenzó a observarse.

La presión alta y asfixiante de Liverpool fue padecida por Chelsea. Los constantes cambios entre Firmino y Salah, más las retrasadas de Firmino para las diagonales de Mané y el citado egipcio fueron una constante, más aún sobre los primeros ´20 minutos de juego que fue cuando los reds se sintieron más cómodos, creando varias chances, pero sin poder concretarlas. Tal fue la exigencia a la media y última línea blue que vi, un hecho casi inédito, un error defensivo de Kanté.

Pero hasta la chita más veloz del mundo, se cansa, y los muchachos de Klopp bajaron un poco esa adrenalina y vehemencia sobre los ´20 minutos de juego. Ese fue el pie para que Sarri contraargumentara y diera su diálogo. A través de su mejor herramienta, el balón, SarriPotter hizo magia. Sacó a relucir sus mayores virtudes con un Jorginho descomunal, siendo el reflejo del entrenador dentro del verde, si no tenía el balón, indicaba qué hacer a los suyos.

No es en vano el equipo con más pases correctos, ni tiene a cuatro de los cinco mejores pasadores de la Premier League porque sí, a partir de allí, Chelsea tomó el mando, cinco minutos más tarde, tras marca registrada del italiano, llegó otro -cuando no- bellísimo gol de Hazard. Tras él, calma. Paciencia.

Así se fue el primer tiempo, con un comienzo frenético de LIverpool pero que pudo sobrellevar Chelsea. Luego un dominio blue donde en la segunda llegada cayó el gol. Para finalizarlo, control calmo de Chelsea. Sarri ya había hecho su magia, el partido nunca estuvo fuera de su control.

La segunda mitad, terminó como se fue la primera. Chelsea controlando, cuidando el balón cuando lo tenía y sin enloquecerse cuando era propiedad del rival. Un arma interesante, justamente, para conseguirlo, fue un movimiento táctico donde los extremos se retrasaban un poco y Kovacic -o Barkley cuando ingresó-, ahogaba en un presión a Gómez y a Van Dijk junto con el centrodelantero -Giroud o luego Morata-. En ocasiones logró robar el balón y en otras obligó al pelotazo.

Al mismo tiempo, el Liverpool en la búsqueda incansable por el gol, no estaba fino en la zona de tres cuartos, donde suele ser letal; en parte, gracias al trabajo de Kanté-Jorginho-Kovacic, que no dejaban espacios a sus espaldas

Por momentos, la presión del equipo no capitalino, fue contrarrestada por exquisitas conexiones largas, pero no vacías de contenido, entre David Luiz y Willian. Liverpool empezó a tener cada vez más el balón (pasando de una posesión de 51% en el primer tiempo a casi 65% en el segundo), mas no el partido. Queda esto evidenciado en las situaciones de gol durante ese tramo, que fueron superiores a favor del equipo londinense a pesar de tener menos el balón.

El partido se iba, Hazard daba sensación de peligro cada vez que tomaba el balón, pero entre Alisson, Gómez y Van Dijk controlaron que el segundo gol, que hubiese sido lapidario, jamás llegara. Liverpool siguió intentando, Mané y Firmino cambiaron constantemente ya con Shaqiri en cancha y amén de contadas ocasiones, el gol parecía estar cada vez más lejos.

Pero, a los ´86, como manotazo de ahogado, Klopp mandó a Sturridge al campo, sacó a Milner -de gran labor, por cierto-, y propuso un 1-4-2-4. Y he aquí la elocuencia del título, ninguno de las millones de personas que nos pusimos a ver Chelsea vs Liverpool el sábado, esperamos que las cámaras al final del partido de quedaran con Sturridge, pero así fue.

Minuto ´88, golazo del inglés, 1 a 1. Liverpool primero -pero junto con el City-, Chelsea segundo y fin de la historia.

Soñar con los pies sobre la tierra

En el fútbol de hoy, es cada vez más difícil, cumplir con lo que es lógico que suceda. Por eso la gente de las apuestas y las pencas gana tanto dinero, por eso durante la Copa de Mundo muchos nos agarrábamos los pelos porque los resultados que creíamos iban a darse no acontecían.

Por todo esto, es que hay que dimensionar el buen arranque de temporada que ha tenido el Liverpool de Jürgen Klopp. Más aún al enfrentarse a rivales a priori más débiles, como lo fueron el West Ham (4-0), el Crystal Palace (2-0), el Brighton (1-0) y el Leicester (2-1).

Yendo a lo que es su juego, la mejor arma de Klopp ha sido el mantener prácticamente todo lo bueno que había mostrado la temporada anterior. Tanto en ataque como en generación de juego y mejorando, sí, aspectos claves en el triángulo final. 

Sin duda lo mejor que me ha quedado tras estas cuatro fechas es el fondo de armario que ha encontrado el alemán para esta temporada. Las incorporaciones tanto de Alisson, como de Keita y Shaqiri han sentado como anillo al dedo en los reds y aún queda por ver qué podrá dar Fabinho cuando tenga más minutos. Henderson y Milner, que parecen estar en el ocaso de su carrera en la élite, siguen teniendo rendimientos muy elevados y quitan espacio a quienes vienen de atrás, que son varios y muy buenos.

Alisson, ha traído seguridad a Anfield, a un puesto muy diezmado. A congeniado bien con la zaga donde Van Dijk y Joe Gómez vienen haciendo un gran trabajo, y sobretodo este último ha dejado muy buenas sensaciones, desempeñándose como zaguero en el primer equipo por primera vez en este arranque -a pesar de que así lo hacía en el filial-, mostrando velocidad, buen timing, y buen juego para la salida limpia.

Keita ha alterando, pero cuando a ingresado lo hemos visto eléctrico y “rockanrolero” como su entrenador. Siendo un pac-man en el mediocampo y siendo un buen conductor para jugadas ofensivas.

El tridente está intacto, siete goles en los primeros cuatro partidos. Números que de mantenerse -como lo hicieron la temporada anterior- serán un empujón grandísimo hacia grandes logros. Pero por si fuera poco, a pesar de que no ha marcado aún, Shaqiri ha demostrado a lo que vino, y cada vez que le tocó actuar vimos que está a nivel y que perfectamente puede ser una pieza de rotación para cuando la doble, o triple competencia se acreciente.

No hay nada negativo, generalizado, en las cuatro fechas hasta el momento jugadas. Obviamente no es que tuvo un juego perfecto, pero los errores han sido distintos en las distintas fechas. Por momentos le faltó efectividad y resolución de las jugadas, otras veces se descansó y sufrió más de la cuenta por ello. Pero a grandes rasgos, cuatro partidos, cuatro victorias, nueve goles a favor, el arranque fue como debía ser y el Liverpool encabeza la tabla junto con el Chelsea de Sarri y el sorprendente Watford de Javi Gracia.

Este comienzo le permite al Liverpool soñar con la anhelada Premier League que jamás -desde su cambio de nombre- a podido ganar, pero manteniendo siempre, los pies sobre la tierra.

Comienzo de ensueño

La mañana y el mediodía del domingo –para este lado del mundo- presentaba platos más que atractivos en materia de Premier League. La entrada era el Arsenal de Emery versus el duro recién ascendido Cardiff y, si bien siempre hay expectativa en ver al Manchester de Mou el plato fuerte del día se jugaría en Vicarage Road. Uno –o dos- de los cuatro punteros dejaría de tener puntaje perfecto. Watford o Tottenham, uno bajaría de la cima –al menos por ahora-.

El primer tiempo, concordarán quienes lo vieron, fue bastante opaco. Los Spurs controlaron el balón y parecía hacer lo mismo con el juego. No tuvo demasiadas chances de peligro, pero tampoco su rival, así que jamás perdió la paciencia.

Watford, sin embargo, hacía su partido, si bien no tenía el control del esférico, no se lo veía incómodo, todo lo contrario. Tuvo varios momentos de repliegue e intentos de desdobles rápidos que no llegaron a buen puerto.

Lo más rescatable de la primera mitad fue, haciendo esfuerzos por destacar algo, fue la conducción de los zagueros “externos” de la línea de tres defensores que planteó Pochettino, pero por momentos y no siempre consiguiendo el cometido deseado, y, si se quiere, la verticalidad y velocidad que parece recobrar Lucas de sus mejores épocas en las juveniles verdeamerlas.

Para la segunda parte, sí, apareció lo que vinimos a buscar cuando nos sentamos frente al televisor minutos antes del arranque del encuentro: juego, peligro, vértigo, emoción y, por sobre todas las cosas, goles.

Tras apenas ´7 minutos, una cadena de errores de la defensa Hornets terminó en el autogol de Doucouré y el regalo al Tottenham que recién comenzado el segundo tiempo de encontró con un gol que pudo tranquilizarlo y ser un empujón para ganar el partido sin pasar zozobras, pero, tristemente para ellos, no lo fue.  Tras ´15 minutos intentando ser más ofensivo pero aparentemente carente de peso y decisión llegó para Watford la vieja y querida pelota parada, tan añeja como el fútbol, para poner las cosas en su sitio, ya que el gol de los Spurs, en vez de motivar al equipo de Londres, lo desanimó, o el Watford así lo quiso.

El gol en propia puerta fue el quiebre del partido, mientras el Tottenham se descasó, el Watford abrió los ojos y fue a por todo. La pelota quieta fue su principal aliada. En ambos casos, pero sobretodo en el segundo gol, se notó la mano de su entrenador, Javi García, llevando a la práctica sus jugadores un movimiento exquisito que terminó con el cabezazo limpio del zaguero Craig Cathcart, decretando, el 2 a 1 final.

Ni el más optimista hincha de Watford pudo haber predicho que la temporada 2018-2019 sería la de mejor arranque de toda su historia -objetivo que cumplió en la tercera fecha-; pero a los muchachos de Javi poco les importó, sortearon al Brighton, al Burnley y al Palace pero cuando les tocó verse las caras contra un aspirante al título no les tembló el pulso, más aún, sacaron su jerarquía en el momento más complicado, cuando parecía que el partido se les hacía cuesta arriba.

El equipo del español ex Málaga y Rubin Kazan, en sus primeros pasos en Premier demostró personalidad, temple y jugadores que están a la altura de las circunstancias, tal vez no sea el nuevo Leicester City o ¿tal vez sí?

Detalles que hacen historia

La selección croata se metió en la final del torneo deportivo más importante del mundo. Una selección que participó por primera vez de un mundial en el 1998, y vaya debut que quedó tercera. Hoy, 20 años más tarde, en su quinta participación rompe su propia meta.

Yendo a lo que fue el partido en sí dejó mucho por analizar, tuvimos un partido digno de una semifinal del mundo.

Considero el título elocuente a lo visto, en pos de que este partido -como los son todos a este nivel de competencia- se definió por detalles. El gol inglés vino desde el vestuario, cayó a los 5´ minutos gracias a una brutal pegada del lateral/volante del Tottenham Trippier. Sin embargo, el foul que genera el tiro libre pudo haberse evitado, fue un detalle, un error que se suele cometer pero que en partidos de esta índole pueden cambiar la historia.

A partir de allí el partido estaba servido en bandeja para Inglaterra podía hacer el fútbol que más le gusta sin ninguna presión, pues el resultado lo tenían. No es fácil controlar lo que es a entender de quien escribe el mejor mediocampo del mundo -hoy por hoy-.  Sin embargo, Inglaterra pudo hacerlo 67´ minutos. Modric no podía hacer contacto con el balón, Rakitic parecía no estar, Perišić creíamos era el mismo de toda la Copa, sin gravitar, Rebic intentaba, pero estaba solo, Mandžukić muy lejos, no se veía por ningún lado algo que pudiera cambiar el trámite del partido.

Así se fue el primer tiempo, con el equipo de los tres leones cómodo, dominando, sin pasar zozobras atrás, con los laterales en un nivel brutal, con los tres zagueros muy enchufados y con un Henderson superlativo, ayudado por un Dele Alli cada vez más lejos del arco, pero siendo un sostén en la “sala de máquinas”.

El partido parecía ir por la misma senda en la segunda mitad, pero a los ´68 el gol de Perišić iba a cambiar la historia. Nuevamente el gol se define por un detalle, un error conjunto de los zagueros británicos de partido de 10 puntos hasta ese momento -vale aclarar con un estupendo centro de Vrsaljko, de gran segundo tiempo a pesar de llegar con lo justo físicamente al partido-. Entonados anímicamente por el gol y liderados por Perišić comenzó la revolución croata, haciendo del sudamericano que falta en estas semifinales, sacando resto físico de donde no había, parecía que se había bajado una palanca y los croatas resurgian de las cenizas, con mucha entrega y actitud, pero menos juego que en otras oportunidades, Modric volvió a ser el de siempre, redobló esfuerzos y lideró lo orquesta junto con el extremo del Inter.

Se fueron los primeros 90´ minutos de juego nuevamente en empate, tercer 1 a 1 consecutivo y de atrás que lograba Croacia. Inglaterra se fue al descanso pre alargue desencajada, aún golpeada por el gol y con un solo tiro entre los tres palos: el gol de Trippier. Sin embargo, el primer tiempo extra Croacia no tuvo otra opción que resguardarse, sus jugadores estaban extenuados. Otra vez Vrsaljko se vistió de héroe y salvó una pelota en la línea luego de un córner y posterior cabezazo que con el diario del lunes valió un gol. Pickford hizo lo suyo y le tapó un mano a mano al “Loco Mario” que más tarde tendría su revancha.

Para el segundo chico, Croacia se puso en modo sudamericano si ya estaba destruida físicamente en los ´90 ahora las piernas y la pelota pesaban el doble; sin embargo, fue, quiso, intentó, demostró un poco más y nuevamente, con más ganas que fútbol, encontró el gol de Mario, cuando no un detalle cambió la historia, Perišić cabecea, la defensa de duerme en los laureles, Mandžukić se acomoda, volea de zurda y a sacar del medio. Croacia acariciaba la gloria. Si el primer gol croata golpeó a los ingleses, este los terminó de aniquilar. El tiempo se escurrió como en un reloj de arena y Croacia a la final por dos detalles. ¿Errores o virtudes? No lo sé. Simplemente detalles.

Con la soga al cuello

La expectativa que el mundo fútbol tenía sobre este partido era inmensa pero creo, esperábamos un poco más de ambos.

Inglaterra salió con su clásico 1-3-5-2 con el joven Pickford en el arco y en la ofensiva con Kane y Sterling como doble nueve algo mentiroso. Colombia por su parte cambiaba un poco el esquema, como México, cambiaba su 1-4-2-3-1 por un 1-4-3-2-1 con un trivote en el medio de mucho músculo con Wilmar Barrios, “la roca” Sánchez y el jugador del Levante: Jefferson Lerma. Arriba con Quintero y Cuadrado por detrás de la referencia de área: Radamel Falcao.

El partido comenzó con el equipo de las islas británicas tomando la iniciativa, siendo en todo momento eléctricos y enérgicos, con y sin pelota. A lo que los cafeteros pareció tomarles por sorpresa. Parecían como perdidos, desconcertados.

A eso de los ´20 minutos el partido comenzó a emparejarse. Si bien Inglaterra tapó muy bien la banda derecha de Cuadrado y Arias, hoy, Mojica aprovechó, un poco, el carril que dejaba libre Quintero constantemente sabiendo que a su espalda contaba con el relevo de un de esos tres mediocampistas marcadores ya mencionados. Otro movimiento al que Colombia hubiera podido sacar mucho jugo y no lo hizo demasiado fue la presión alta; las pocas veces que lo hizo quedó 3vs3 Cuadrado-Falcao-Quintero vs Walker-Stone-Maguire, la única vez que lo hizo, los ingleses sortearon el balón.

Así se fue la primer mitad, simplemente con momentos, sin mucha profundidad, respetándose demasiado y sin casi exigencia a los porteros. Se fueron al descanso con un debe futbolístico mutuo y una promesa de mejorar.

Y como lo prometido es deuda, para la segunda mitad -a pesar de la emoción- el fútbol no apareció. A los ´55, como lo fue durante la historia de la humanidad, el equipo europeo se encontró con un regalo latinoamericano. Penal, Kane, gol. Ecuación perfecta. Inmediatamente Colombia entró en pánico, se convirtió en un manojo de nervios y mal humor. Se llenó de tarjetas y parecía alejarse cada vez más de los cuartos de final. Paró una especie de línea de tres defensores con Barrios ingresando entre los zagueros Mina y Sánchez. A todo esto Inglaterra se empezó a sentir cómoda y acariciar la clasificación, paso a una línea de cinco atrás y concedió por momentos la pelota a los cafeteros que parecía pesarles.

Cuando el juego agonizaba y los muchachos de Pékerman parecían irse ya a armar las valijas apareció un tiro exterior -un de los pocos al arco- que buscaba el ángulo por parte del mediocentro Uribe que motivó una atajada impresionante de Pickford para mandarla al córner. En el córner se generó la primera incursión aérea de Colombia en el área británica, quien sino Yerry Mina saltó más que nadie y mandó el partido al alargue como un milagro caído del cielo.  

Para el “primer chico” se invirtieron los roles. Colombia entonada anímicamente con el gol tomó la posta y fue la que más quiso en los primeros ´15, mientras los ingleses parecían dominados, perdidos y sobretodo imprecisos. Sin embargo, para los segundos ´15, la pelota y el cansancio comenzaron a pesar cada vez más, aún así, Inglaterra tomó por momentos las riendas del juego he incluso generó un par de ocasiones de peligro. Pero a grandes rasgos, como suelen ser lo tiempos suplementarios, ambos se cuidaron y no tomaron demasiados riesgos por miedo a las posibles consecuencias. Primó la paridad y con el 1 a 1 se fueron a los penales.

Y el fútbol es así, te da y te quita. Inglaterra hizo cuatro, Colombia tres y Uribe, héroe por generar el córner del gol cafetero se convirtió en villano tras estrellar su penal en el horizontal. Colombia remó y remó pero murió en la orilla. Inglaterra se metió en cuartos pero con la soga al cuello.

Verde-amarelha en Cuartos de Final

La selección de Tite se metió en los cuartos de final después de dar cuenta de la dura selección de Osorio que no pudo romper con la maldición de octavos.

México cambió el 1-4-2-3-1 y se plantó con un 1-4-3-3 bastante claro, con un triángulo en el medio con el experimentado Rafa Márquez como vértice final y por delante de él Herrera y Guardado. Brasil, por su parte, salió sin sorpresas con su 1-4-3-3 con la sensible baja de Marcelo y el ingreso de Filipe Luis en el lateral zurdo; en el medio con un triángulo espejo al de los aztecas con Coutinho como vértice más adelantado y por detrás un doble pivote mentiroso con Casemiro y Paulinho.

México salió a la cancha tal como lo hizo contra Alemania, sorprendiendo a algunos, presionando arriba e intentando jugar de igual a igual. El ingreso de Rafa Márquez permitió soltarse un poco más a dos brutales jugadores como Guardado y Herrera; sin embargo los quitó se la zona en la cual mejor habían funcionado en los partidos con Alemania y Corea del Sur: de doble pivote, solos. De esa forma Herrera tomaba el primer pase para la transición ofensiva, en la jornada de ayer eso lo debió hacer un Rafael Márquez de 39 años y por momentos le costó, mucho.  

Brasil presentó una línea de de cuatro jugadores en el fondo que jamás había jugado junta. Durante las eliminatorias los laterales siempre que estuvieron a la orden fueron Dani Alves y Marcelo, mientras en la zaga quien solía aparecer era Marquinhos, generalmente acompañado por el único jugador que repite: Miranda. Durante los primeros partidos sintió muchísimo la falta de Dani Alves y las subidas de Marcelo fueron fundamentales, ya contra Serbia a los ´10 minutos de juego quedó en esta situación pero supo disimularlo. Hoy Fagner y Filipe Luis tuvieron una labor formidable en materia defensiva y su poca cualidad ofensiva fue disimulada por dos extremos que tuvieron su tarde mundialista: Neymar y Willian.

Hasta los primeros ´25, ´30 minutos de juego el partido fue uno y luego otro totalmente distinto. Antes, México dominaba, llegaba con peligro, estaban muy encendidos sus extremos Vela y Lozano pero fue mermando su rendimiento; la vela se fue apagando y el Chuky dejó de asustar. Mientras del otro lado sucedió todo lo contrario Willian y Ney pusieron el pie en el acelerador y no hubo con qué pararlos y a pesar de que jugaban solos en la banda, -por más que Coutinho se recostó del lado de Neymar- Fagner y Filipe Luis jamás subieron con criterio e inteligencia, pero son jugadores con tanto regate y 1vs1 que solos pudieron. Tras esos minutos de intensidad de La Canarinha, México se vio atontado, lo mejor que parecía poder pasarle fue que la primera parte acabara.

Sin embargo, cuando el segundo tiempo comenzó fue como si el referee nunca hubiese pitado y solo hubiese pasado un pestañar, porque la tónica del partido era la misma, el gol de Brasil era inminente y llegó, de quien sino, Neymar Jr. después de hermosa pared con Willian empujó el balón a la red de Ochoa de exuberante partido, con 8 paradas impresionantes.

México intentó pero no pudo, salió Rafa Márquez, salió Álvarez, ingresó Layún y J. Dos Santos. Invirtió el triángulo, quedó Herrera con Dos Santos por detrás de Guardado, colocó a Jiménez de interesante Copa Confederaciones por un inoperante e intrascendente Chicharito Hernández, pero nada cambió.

Brasil sacó el pie del acelerador pero no pasó zozobras, colocó un 1-4-4-1-1 con Neymar en punta Coutinho de media punta y Willian y Gabriel Jesús a los costados, en el doble pivote se encontraba Casemiro con un recién ingresado Fernandinho. Entregó la pelota a México por momentos pero no supieron nunca qué hacer con ella. Alisson se fue con una sola parada, el trabajo defensivo de la línea de cuatro norteña fue muy sólido en todo momento.

Cuando el partido agonizaba y México se tiraba arriba y dejaba espacios atrás, Fernandinho quitó y pasó a Neymar que corrió, y corrió, pateó Ochoa rozó, Firmino empujó, el partido acabó, México se derrumbó y Brasil en cuartos quedó.

 

El primer adiós de Robert

Diez años debió esperar Robert Lewandowski para disputar una Copa del Mundo. Debutó con la absoluta polaca allá por 2008 con 20 jóvenes años. Hoy no solo es el capitán y el emblema del equipo, es también el goleador histórico. Goleador de la Bundesliga en 2013-14 y 2015-16; máximo goleador de las eliminatorias a la Eurocopa 2016 y llega como máximo goleador de las eliminatorias para este Mundial de Rusia. Sus cualidades individuales como centrodelantero son incuestionables, sin embargo, con Polonia en estos dos partidos de esta Copa del Mundo cosechó dos derrotas y se despidió en forma anticipada de máximo torneo del fútbol mundial con cinco goles en contra y solo uno a favor.

En el debut, “Lewangolski” -como se le dice en Alemania-, se vio totalmente absorbido por una pareja de centrales senegalesa que dio lugar a un artículo en nuestra web. No obstante en el partido del día de ayer, desarrolló nuevas estrategias ante la lógica que se le plantea en cada partido a un jugador como lo es el oriundo de Varsovia, que los centrales estén 200% concentrados en que no haga contacto con el balón.

Como decíamos, tras su mala experiencia en el debut con los africanos, ayer, en los primeros minutos ya comenzó a moverse por todo el frente de ataque, tirándose a banda y saliendo mucho del área para recibir la pelota. No sé si es bueno o es malo, creo que depende, pero en la pasada jornada vimos un Lewandowski por muchos momentos del partido jugando lejos del área, apareciendo desde atrás en varias ocasiones. Eso cuando atacaba, cuando defendía, era la punta de lanza para la presión, el primero en salir a presionar seguidos por todo el equipo –en las pocas veces que Polonia lo hizo-.

Tal vez una de sus principales virtudes sea el juego que tiene de espaldas al arco, pivoteando y aguantando el balón para descargar a sus compañeros o bien hacer una jugada personal. Lo triste -para él- es que hoy no está rodeado como sus condiciones futbolísticas lo merecen; porque si recibe de espaldas pero lo marcan dos y no tiene a quien descargar ¿De qué sirve?

No obstante, hay números que reflejan las diferencias de contexto. En el Bayern Múnich, tiene un promedio de 19,1 pases por partido, en la selección polaca tiene un promedio de 26 ¿Qué demuestra esto? Que en la liga alemana el ariete es un definidor nato, y que en su selección demuestra no tener un entorno favorable, para ser –precisamente- un definidor. Por todo lo que decíamos antes, en Polonia tiene contadas las chances de gol mientras en el Bayern puede incluso-en ocasiones- prescindir de ellas.

Choque de estilos

En el día de ayer se dio el debut de la selección que más ansia tenía de ver: Senegal. Ubicado para muchos en el “grupo de la muerte” sin rivales realmente favoritos pero con niveles muy semejantes. El primer escollo fue Polonia, unos de los rivales directos en la lucha de un lugar en octavos de final.

Salió al campo con un 1-4-4-2 bastante claro, y consolidado que no mutó demasiado en el transcurso del partido. El cotejó se trabajó mucho desde la sala de máquinas donde “Los leones de la Teranga” comenzaban su clave del éxito: las transiciones ofensivas. Para las cuales Gueye fue pieza clave, haciendo algo muy parecido a lo que hizo Héctor Herrera con su México; siendo el primer paso en las transiciones efectivas senegalesas, marcando mucho en mitad de cancha, ganando en el juego aéreo y realizando una cantidad brutal de pases efectivos.

Si bien la posesión fue abrumadora para la selección Polaca (61%) no fue así las chances de gol y el domino del juego.

En un mundial donde la tónica parece ser o proponer desde la tenencia de balón o esperar y contragolpear, Senegal planteó un partido inteligente, siendo unos de los pocos que tomó cosas de ambas. El contraataque estuvo siempre presente por la velocidad de sus jugadores de ofensiva pero también en su defensa recia encontraron un triángulo brutal entre N´Diaye, Koulibaly y Sané. Un zaguero de elite como lo es el bueno de Kalidou bien acompañado de Sané, recientemente adquirido por el Shalke 04. Justamente, este triángulo final tuvo la nimia tarea de marcar al goleador de las eliminatorias europeas: Robert Lewandoski. Tarea realizada a la perfección, ya que el espigado polaco no entró en juego. Hubo solo una oportunidad donde quedaron mal parados y Sané debió cortar. Esa infracción generó el tiro libre ejecutado por el delantero de Bayern que se convirtió en el primer y único tiro al arco del ariete.

Además, durante gran parte del encuentro se vio por encima en el marcador, sin embargo, nunca se replegó, cual Egipto o Islandia y pasó zozobras en zona defensiva. Más aún, cuando tenía la pelota, nunca la reglaba, siempre la movía pensando en el arco de enfrente. Fue un descanso  visual ver, a un equipo que no tocaba la pelota por tocar, sin trascendencia, y que tampoco la sorteaba cuando no la tenía. Ayer fuimos testigos de a mi modo de ver, el equipo más equilibrado del torneo, no fue ni blanco ni negro, fue gris.

Senegal ganó y ganó con luces. Dio la cara por todo el continente africano cosechando los primeros puntos, pero sobretodo, dando la cara por su gente, pudieron ganar con una mochila muy pesada –la cual no se la quitarán en lo partidos que siguen-, la de aquella selección de 2002 que como quien no quiere la cosa se metió entre los ocho mejores del mundo en su primer participación mundialista.

Hoy vimos dos propuestas antagónicas. Una Polonia atontada con la tenencia de pelota intrascendente, ya que jamás logró ser punzante y lastimar la sólida defensa africana. Enfrentada un equipo mucho más vertical, pero sin renunciar a una idea de juego por abajo, con el arco entre ceja y ceja, utilizando transiciones rápidas y efectivas aprovechando distracciones rivales. Hoy vimos un verdadero: choque de estilos.

Un Mané distinto

Si bien Sadio comenzó el partido tirado a banda zurda, de un 1-4-4-2 realizó un trabajo bien distinto al que realiza en Liverpool.

No fue ese Mané veloz, generador de desborde y diagonales constantes; en esta oportunidad sirvió las veces de pensador, armador, de generador de juego.

Haciendo la labor propio de su número (10) hoy vimos un Sadio Mané que l cinta de capitán le quedó pintada, un jugador mucho más neurálgico. Vimos el Mané que Senegal necesitaba, pues la velocidad, y el vértigo hoy no eran tan importantes para los africanos. Necesitaban un Mané distinto, y lo encontraron.

Costosa pero valiosa

Desde el minuto cero México salió sorprendiendo, jugando de igual a igual. Al minuto el “Chuky” Lozano tuvo una situación clarísima de gol que evacuó el zaguero germano-ghanés Boateng. A los dos minutos Alemania tuvo una chance clara en los pies de Timo Werner que se fue cerca del palo. Esas dos jugados sirvieron -cual película- de trailer para lo que sería todo el primer tiempo.

Ambos equipo utilizaron el recurso de la presión alta. México con la particularidad que dejaba jugar a Boateng, marcado casi hombre a hombre todas sus opciones de pase, generando que en ocasiones se deba dividir el balón.  

Durante todo la primera mitad, México explotó a más no poder las espaldas del doble pivote que planteó Löw: Khedira-Kroos. Por allí flotó Carlos Vela y como lanza a su lado izquierdo Lozano aprovechó también la espalda de Kimmich, que tuvo muchísimos problemas con el extremo del PSV, porque aun cuando volvía a tiempo o por alguna razón no subía, sufrió el gran 1 contra 1 que tiene el “Chuky” y en ocasiones también el 2 vs 1 que le hacían con el lateral Gallardo, ya que ni Muller bajaba a ayudar ni llegaban ninguno de los pivotes a contribuir en la marca con el lateral del Bayern.

Una vez recibido el gol, Alemania toma las riendas del juego -como no podía ser de  otra manera-. Sin embargo, en una primer instancia México cambió su esquema, de un 1-4-2-3-1 a un 1-4-4-1-1- con los laterales convertidos en carrileros que constantemente ayudaban a sus respectivos laterales, dejando a Vela y un poco más adelantado a Chicharito sueltos arriba. No obstante, este cambio táctico no significó -en el primer tiempo- meterse en su área a resguardarse y defender cual Islandia -como sí lo fue en la segunda parte-.

En la segunda mitad todo cambió. Fue una danza de cambios, un acumulando defensas y otro delanteros. Los cambios de un entrenador llevan a los del otro y parece una competencia por quien acumula más gente en el área “Tri”. Ambos tipos de cambios fueron generando el repliegue de México y el ataque constante germano y su descuido correspondiente atrás.

Amén a esto, hoy México tuve dos claves tácticas muy interesantes por fuera de lo ya mencionado:

Ambas vienen muy enlazadas la una de la otra. La primera es el recurso, utilizado casi a la perfección, de desdoblarse al ataque en forma muy veloz y vertiginosa, ni hablar que las falencias de retroceso alemanas ayudaron a que este plan tenga éxito, aún así el desdoble defensa-ataque de los aztecas fue extraordinario. La otra clave -como decíamos- viene de la mano con esta, y es el nombre propio de este desdoble, el primer paso: Héctor Herrera. Hoy sirvió las veces de Henderson o de Busquets, siempre teniendo un as bajo la manga, un pase que permita el despliegue o mismo la conducción hasta el área rival generando movimientos en los de arriba que con espacios causan estragos a los rivales.

Cae la campeona del mundo, a manos de un planteo -sobretodo en el primer tiempo- muy interesante por parte de los de Juan Carlos Osorio. Está demás decir que esto no deja fuera de carrera a Alemania ni pone en lo más alto a la mexicana, simplemente es fútbol y tiene estas cosas maravillosas. Hoy la selección mexicana consiguió una victoria: trabajosa pero valiosa.

Bélgica: Ahora o nunca

La selección belga llega a Rusia con tal vez, individualmente hablando, uno de los mejores planteles de 23 jugadores. Bélgica se clasificó en forma directa en un grupo muy accesible con: Grecia, Bosnia y Herzegovina, Estonia, Chipre y Gibraltar. Como era de esperar ganó nueve partidos, empató uno (con Grecia) y sin problemas se metió en la máxima cita mundialista siendo el equipo más goleador de las eliminatorias europeas (43 goles en 10 partidos).

El seleccionador español Roberto Martínez parecería tener las cosas muy claras, el esquema por el que parecería inclinarse es un 1-3-4-2-1; en el arco, uno de los mejores guardametas de la Premier League, el portero del Chelsea, Thibaut Courtois. En la línea de zagueros, también tres de los mejores equipos del fútbol inglés: Toby Alderweireld, Jan Vertonghen –jugador con más presencias con la absoluta (101)- y el capitán del Manchester City que dio un susto en el amistoso frente a Portugal pero parece estará sin problemas en Rusia para el debut frente a Panamá, Vincent Kompany. Para el carril derecho está Meunier, el carrilero del PSG. En el doble pivote una fija es la estrella del equipo, Kevin de Bruyne; quien lo acompañe sea tal vez la única duda del equipo, Axel Witsel, Marouane Fellaini y Mousa Dembélé disputan por ese puesto, a nuestro parecer, el más indicado y quien corre con más chance de ser titular es el pivote del Tottenham Mousa Demebélé. Por izquierda Ferreira Carrasco, el ex Atlético Madrid y actual Dalian Yifang de China parece ser el elegido. Por detrás del “9”, Romelu Lukaku dos bestias: Mertens y Hazard.

A esta fuerte selección europea le encontramos dos puntos donde deberá prestar muchísima atención si quiere hacer un buen papel en Rusia:

Primero que nada el puesto de doble pivote, quien acompañe al centrocampista del City; ya sea Witsel, Fellaini o Dembélé serán la pieza clave para la defensa junto con el trío del fondo, tendrán que marcar como ellos saben y suplir la marca que le falta a De Bruyne para la posición que ejerce. Además, será clave su labor para relevar a sus compañeros cuando se lancen al ataque o queden mal parados y su cualidad de primer paso a la ofensiva, pero en esa faceta, ayudados por el astro de la ciudad de Manchester.

El segundo punto clave es la posición del carrilero por izquierda, Yannick no tiene el equilibrio defensa/ataque que si posee su compatriota de banda contraria. Puede ser mucho más desequilibrante en su faceta ofensiva pero mucho más vulnerable en la faceta defensiva, lo que puede generar todo un movimiento defensivo para cubrir las marcas perdidas que genere espacios para los rivales.

En síntesis, Panamá, Túnez y sobretodo Inglaterra podrán sacar jugo si vuelcan el ataque a su banda derecha (izquierda belga) e intentar correr la cancha y agarrar mal parados al fondo de Bélgica que quedará sin duda en algún momento con sus tres zagueros y la sola ayuda del segundo pivote acompañante del pelirrojo De Bruyne.

La mejor faceta que poseen es sin duda la ofensiva. En Lukaku encuentran un nueve clásico, de los que cada vez quedan menos y más se precisan. En Mertens y Hazard encuentran lo contrario, lo moderno, flotando por detrás, entrando y saliendo, tirándose a las bandas, les sobran recursos y su cualidad pragmática hace de esta tripleta el terror de cualquier defensa y la cualidad goleadora de tal vez ninguna otra ofensiva.

Su mejor participación radica en México 1986, donde resultó cuarta. Aquella selección de Guy Thys contaba con jugadores como, Jean-Marie Pfaff, Patrick Vervoort, -el actual entrenador del RFC Lieja- Nico Claesen y sin duda uno de los jugadores más emblemáticos de la selección belga, vistiendo la casaca absoluta durante más de 15 años: Jan Ceulemans. La Bélgica de 2018, tiene nombres semejantes a los de aquella exitosa campaña y tal vez mejores. Pero por encima de esos nombres tremendos ¿Ya está el ensamblaje y la cohesión necesaria para dar la nota en una Copa del Mundo? Difícilmente pueda Bélgica encontrar otro plantel de esta calidad, de hecho gran parte de sus jugadores será difícil que repitan en Qatar. Por eso, llegó el momento de dar el batacazo. Es ahora o nunca.