Una tarde de domingo en Derry

Nada hacía prever que aquel EvertonSunderland del 10 de noviembre de 2012 fuera a pasar a la historia de la Premier League. La cámara repasaba los onces de cada equipo, y se fijó en un jugador en concreto. Hacía 2 años que los clubes de la liga inglesa habían decidido unirse a la tradición de cada 11 de noviembre de lucir en sus solapas la amapola conmemorativa o “remembrance poppy” como homenaje a los soldados británicos caídos. Pero aquel Remembrance Day, James McClean, dorsal 23 del Sunderland, no lució ninguna flor en su camiseta. El gesto supuso un escándalo de tal calibre que el Sunderland tuvo que sacar un comunicado en el que explicaba que la decisión de no llevar la amapola había sido algo personal del jugador, y que el club apoyaba el homenaje a los soldados caídos en el Remembrance Day. Año a año, McClean siguió negándose a colgar dicha flor en su camiseta, y, en 2014, siendo jugador del Wigan, decidió publicar una carta dirigida a su presidente Dave Whelan en la que explicaba sus motivos: “Si la amapola fuera un símbolo de los caídos de la I y II Guerra Mundial, llevaría una. […] Pero la amapola se usa para recordar a las víctimas de otros conflictos desde 1945 y aquí es donde empieza el problema para mí. Para la gente de Irlanda del Norte como yo, y específicamente para aquellos de Derry, escena de la masacre del Bloody Sunday de 1972, la amapola tiene un significado muy diferente. Por favor entienda, Sr. Whelan, que cuando eres de Creggan como yo o del Bogside, Brandywell o la mayoría de barrios de Derry, sabes que todos y cada uno de nosotros todavía vivimos a la sombra de uno de los días más oscuros de la historia de Irlanda, incluso los que como yo nacimos 20 años después del suceso. Es una parte de lo que somos, está enraizado en nosotros desde que nacemos”.

Precisamente del barrio de Creggan, en las afueras de Derry, partía el domingo 30 de enero de 1972 una manifestación convocada por la Asociación para los Derechos Civiles de Irlanda del Norte (NICRA, por sus siglas en inglés). Entre 10.000 y 15.000 manifestantes clamarían por la libertad de 342 personas detenidas y encarceladas sin derecho a juicio, bajo acusación de pertenencia al IRA. A pesar de que las autoridades habían prohibido cualquier tipo de manifestación, la marcha fue autorizada siempre y cuando discurriera por barrios católicos. Cuando los manifestantes se toparon con barricadas levantadas por el ejército británico, algunos jóvenes empezaron a lanzarles piedras. La respuesta del I Batallón de Paracaidistas fue más que contundente: dispararon a aquel grupo de civiles desarmados causando 14 muertes. El domingo sangriento supuso un resurgir del IRA: si las protestas pacíficas eran contestadas con violencia, entonces el camino de las armas parecía la única manera efectiva de hacerse oír.

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La zona de mayoría católica de la ciudad se hizo célebre como “Free Derry”

Por aquel entonces, el Derry City FC ya sufría una situación excepcional por sus fuertes lazos con la comunidad católica. Hacía tres meses que las autoridades norirlandesas habían decidido cerrar su estadio Brandywell con el pretexto de evitar enfrentamientos entre la afición y la policía norirlandesa, de abrumadora mayoría protestante. Los candystripes se veían obligados a jugar como locales en el estadio de Coleraine, ciudad mayoritariamente protestante situada a 48 km de Derry. Además de ser un trayecto largo, debido a los numerosos controles del ejército, los hinchas del Derry City temían una bienvenida hostil y violenta por parte de la población local, por lo que prácticamente nadie se aventuraba a desplazarse a Coleraine para apoyar a su equipo. Ante esta situación, el Derry City FC decidió abandonar la práctica del fútbol profesional, y durante trece años su actividad se redujo a participar en las ligas locales de fútbol base.

La situación del club era excepcional, y como tal requirió de una solución fuera de lo normal: en 1985, el Derry City FC solicitó formalmente su entrada en la recién remodelada Liga de Irlanda. De esta forma, los candystripes pasarían a competir en una liga de un país al que no pertenecía: la República de Irlanda. El argumento principal para convencer a la federación norirlandesa (IFA, por sus siglas en inglés) y a la UEFA era de peso: el club tenía una base social mayoritariamente católica y republicana situada en la célebre zona conocida como “Free Derry”, y la presencia de la policía norirlandesa en el estadio aportaba más sensación de peligro que de seguridad. Dada la identificación de su hinchada con sus vecinos del sur, la UEFA otorgó un permiso especial para que el Derry City FC pudiera competir en la República de Irlanda. Apenas tres años después de su debut en la máxima categoría de la liga irlandesa, los candystripes alcanzaban el mayor hito de su historia: en la temporada 1988-89 firmaban un triplete tras hacerse con la Liga, la Copa de la Liga y la Copa FAI. Y todo esto pese a los problemas financieros que habían forzado al club a principios de temporada a convertirse de nuevo en un club semiprofesional.

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Más de 2.000 aficionados acompañaron al Derry City en París

La espada de Damocles de la falta de recursos económicos es una constante en la historia reciente del Derry City. El peor momento de su historia llegaba en el año 2000, cuando las deudas amenazaban con obligar al club a declararse en bancarrota. Fue justo en ese momento en el que el club demostró los fuertes lazos con su afición, que movilizó a la población local para recaudar fondos que garantizaran su supervivencia. John Hume, quien además de ser natural de Derry era líder del partido socialdemócrata (SDLP) y Premio Nobel de la Paz, convenció a grandes clubes europeos para que jugaran partidos amistosos en el Brandywell para recaudar fondos. En aquel verano del cambio de siglo, por el césped de Derry desfilaron ilustres como el Real Madrid, el Manchester United y el F.C. Barcelona. Precisamente de aquel partido contra los culés en Derry se recuerda un regate del ídolo local Liam Coyle a un zaguero de leyenda como Carles Puyol.

Tal y como sucedió con el cierre de su estadio, el Derry City FC volvía a optar por medidas excepcionales para poder garantizar su supervivencia. Desde ese verano del año 2000, el club es oficialmente propiedad de sus aficionados, y un John Hume ya retirado de la política sigue ejerciendo como su presidente. A pesar de los vaivenes económicos, los candystripes siguen manteniéndose en la élite del fútbol irlandés, con participaciones memorables en competiciones europeas como aquella primera ronda de la Copa UEFA en 2006 en la que consiguieron sacar un valioso empate (0-0) ante el flamante PSG. En el partido de vuelta en París se cumpliría el guión esperado: 2-0 y clasificación para los locales. Pero en este caso, poco importaba el resultado. El Parque de los Príncipes era un escenario de lujo para celebrar que, a pesar de las dificultades, a este Derry City FC le queda aún mucha cuerda.

Deriva a la valenciana

Suso García Pitarch presentaba su dimisión como director deportivo el pasado sábado. Mientras que para algunos valencianistas la noticia no era más que un regalo de Reyes que llegaba con un día de retraso, para otros aficionados se trata de una piedra más en el camino de su equipo hacia la salvación. En lo que sí coincide el grueso de la afición che es en que se trataba de la crónica de una dimisión anunciada: una semana antes, Prandelli entonaba su adiós como técnico valencianista señalando una silla vacía que debía haber ocupado Pitarch, quien según el italiano le había prometido que en esa misma rueda de prensa anunciaría también su marcha.

Esta cadena de dimisiones supone un capítulo más de una serie de desdichas y despropósitos que Luis García Berlanga bien podría haber convertido en una serie de éxito. La historia reciente del Valencia le habría dado al fallecido cineasta valenciano elementos para escribir un argumento sin par: despilfarro sin sentido en fichajes, un pelotazo inmobiliario fallido, una hipotética venta del club que queda en nada porque el comprador nunca aparece, un banco que quiebra siendo el máximo accionista del Valencia, un ex presidente que acaba en la cárcel acusado de haber ordenado el secuestro de su antigua mano derecha… Tanta bruma institucional no podía sino traer como consecuencia una dirección deportiva incoherente e inconsistente, con entrenadores que duraban lo que el sueño de una noche de verano y fichajes que, parafraseando a Cruyff, parecían hechos por la portera del club.

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El Valencia CF se alzó con el título de Liga 2003-04.  Fuente: fourfourtwo

Me imagino que Berlanga decidiría que la primera escena del primer capítulo de esta serie sobre el Valencia CF tuviera lugar en el verano de 2004, y de nuevo con una rueda de prensa como protagonista. En esta ocasión, es el entrenador Rafa Benítez quien entre lágrimas anuncia su marcha del club al que había llevado a alcanzar 2 ligas, rompiendo una sequía de más de 3 décadas. Aquel Valencia del doblete (Liga y Copa de la UEFA) contaba con nombres ilustres como Cañizares, Ayala, Albelda, Baraja, Vicente o Aimar. Según Benítez, su marcha se debía a que estaba harto de las promesas incumplidas por el director general, Manuel Llorente. A partir de la marcha del técnico madrileño, el Valencia devoró 6 entrenadores en 4 temporadas, hasta que la llegada de Unai Emery en 2008 supuso una cierta estabilidad en el plano deportivo. De la mano del guipuzcoano, el Valencia sumó 4 temporadas seguidas en Champions League, a pesar de tener que reinventarse cada verano por la obligada venta de sus estrellas para mejorar unas maltrechas arcas. Tras la marcha de Emery en 2012, decidida por la dirección deportiva del club, el banquillo che ha sido ocupado por 12 entrenadores en apenas 4 temporadas y media.

Para entender la llegada hace dos años de Peter Lim al Valencia, quien fue recibido al más puro estilo Bienvenido Mister Marshall, habría que tirar de flashback y remontarse al 10 de noviembre de 2006. El entonces presidente Juan Soler, quien había asumido el cargo en aquel mismo verano de 2004 en el que Benítez hizo las maletas, presentaba su proyecto del flamante nuevo Mestalla, que contaría con capacidad para 75.000 espectadores, unos 20.000 más que el estadio actual. Las obras se iniciaron en 2007 y se paralizarían 2 años después porque el club contaba con la friolera de 547 millones de deuda. Eran aquellos los años de la explosión de la llamada burbuja inmobiliaria, por lo que se desplomó el valor de los terrenos del actual Mestalla, sin cuya venta era imposible afrontar dicha deuda. De ahí que el club se viera obligado a vender cualquier activo, y de ahí que en lo deportivo el equipo se fuera empobreciendo con la salida de jugadores importantes como Villa, Silva, Mata, Albiol, Joaquín, Jordi Alba o Pablo Hernández. Hasta que hace 2 años Peter Lim aterrizó en Valencia con una maleta cargada de sueños en forma de muchos billetes.

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Estado actual del Nou Mestalla, paralizado desde 2007. Fuente: plazadeportiva.com

La historia es tozuda, y en el caso del Valencia encontramos una buena muestra de ello. Bastó una temporada irregular, con el club clasificado en tierra de nadie en Liga, para que Lim hiciera marcha atrás el pasado verano, y el Valencia volviera a ser un club vendedor: 30 millones invertidos frente a 115 millones ingresados por las ventas de jugadores como Mustafi, André Gomes o Paco Alcácer. El nuevo Valencia 2016-17 cuenta, por tanto, con una plantilla de menor nivel, y esta vez sí que la afición, además de entonar el “Lim go home”, apuntó directamente al director deportivo, García Pitarch. Qué lejanos parecen aquellos fichajes millonarios de hace apenas año y medio, en los que planeaba la sombra del omnipresente Jorge Mendes, amigo y socio de Lim.

Con la reciente marcha de Prandelli y García Pitarch, el Valencia arranca este mercado invernal con dos soluciones de urgencia en dos puestos claves: Voro como entrenador y Alexanko como director deportivo provisional. Con 12 puntos en 15 partidos, es evidente que el equipo necesita revulsivos para salir de la zona baja, y la prensa valenciana da por hecha la llegada dos jugadores cedidos por la Juventus: el delantero Simone Zaza y el veterano lateral zurdo Patrice Evra. A la espera de que se confirmen o no estos refuerzos, el Valencia de Voro jugará esta noche toda una final ante otro equipo a la deriva como el Osasuna, colista y con su director deportivo haciendo de entrenador tras la destitución de Caparrós. Teniendo en cuenta la situación económica e institucional del club, nadie quiere oír hablar en el club che de un hipotético descenso a Segunda. El mes de enero será clave para ver si este enésimo nuevo Valencia, como canta Vetusta Morla, encuentra esperanza en la deriva.

Lángara, un cañón entre dos tierras

Una fina lluvia bañaba el cementerio de Andoain (Guipúzcoa) aquel 21 de agosto de 1992. Un reducido número de personas habían acudido a despedir a uno de los primeros mitos del balompie. Entre la escasa representación del fútbol español destacaba Eugenio Prieto, presidente del Real Oviedo. Con todos los focos apuntando a la actualidad de la olímpica Barcelona, la noticia de la muerte de Isidro Lángara había pasado prácticamente desapercibida. Pocos se acordaron de aquel ariete con cuerpo de luchador, cabezazo poderoso y una potencia de remate fuera de lo común, capaz de anotar tantos casi del centro del campo o de fracturarle los dedos a más de un guardameta.

La historia de Lángara comienza en 1912 en Pasajes, Vizcaya. A la edad de juvenil Isidro empezó a ganarse en el Tolosa una cierta reputación local por su acierto cara a puerta. El empresario irlandés Patrick O’Connell, que se encontraba de paso por la zona, oyó hablar del muchacho y no dudó en ficharlo para el club que entrenaba, el Oviedo, por aquel entonces en Segunda División

En Asturias el joven delantero vasco empieza a hacerse un nombre. El Oviedo, por aquel entonces en Segunda, se alza con los campeonatos de Asturias gracias a su facilidad anotadora. Su leyenda empieza a escribirse en la temporada 1933-34: Lángara debuta en Primera por la puerta grande sumando 27 goles que le convierten en máximo goleador. Repetiría este logro dos temporadas consecutivas más, marcando 26 goles en la 1934-35 y 28 en la 1935-36. Lángara era parte de la célebre “segunda delantera eléctrica” del Oviedo, formada por Casuco, Gallart, Lángara, Herrerita y Emilín. Aquel mítico Oviedo se codeaba con los grandes de Primera, con resultados de escándalo como ese inolvidable 7-3 endosado al Barcelona.

Lángara debuta en la selección nacional en 1932, cuando aún militaba en la categoría de plata. El de Pasajes disputaría el Mundial de 1934 en la Italia de Mussolini, donde firmó actuaciones memorables como un doblete ante Brasil en la victoria española (3-1). Aquella selección caería ante Italia tras empatar el primer partido y perder el encuentro de desempate, en el que España no pudo contar con Lángara y 6 jugadores más lesionados el día anterior por la dureza de los italianos. En 1935, el vasco enmudeció a los 70.000 alemanes que abarrotaron el estadio de Colonia al anotar un doblete en la histórica victoria (1-2) de España ante la Alemania nazi. Los números de Lángara con la selección nacional son estratosféricos: 17 goles en 12 partidos, un promedio goleador (1,42) que a día de hoy nadie ha podido igualar.

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Lángara anotando con España ante la Alemania nazi en 1935.

La guerra truncaba la progresión de un Oviedo CF que había finalizado la temporada 1935-36 en tercera plaza. Lángara se enrolaba en la gira que la selección de Euzkadi realizaría para apoyar la causa republicana por países como Francia, Checoslovaquia y Unión Soviética, donde los vascos se marcaron un pleno de victorias ante el campeón galo (Racing de París), la selección checoslovaca o el Dinamo y Spartak de Moscú. En el verano de 1937 el País Vasco se rendía al bando nacional, por lo que la selección de Euzkadi se vio abocada al exilio. El destino elegido fue México, donde disputaron la temporada 1938-39 como C.D. Euzkadi hasta que la derrota definitiva del bando republicano supuso la disolución del equipo.

Ángel Zubieta, capitán del equipo vasco, convenció a Lángara de tomar juntos el siguiente barco a Buenos Aires, donde les esperaba el C.A. San Lorenzo de Almagro. La bienvenida a Lángara no pudo ser mejor: nada más bajar del barco, y a pesar del cansancio del largo viaje, se enfundó la elástica azulgrana de los cuervos para anotarle 4 goles en media hora a River Plate. En las gradas de aquel estadio un pibe llamado Alfredo Di Stéfano alucinó con aquel fuerte delantero. Por aquel entonces el C.A. San Lorenzo de Almagro era un club que solía acoger exiliados españoles que se asentaban en el barrio de Boedo, por lo que la presencia en el once del ariete de Pasajes poblaba cada domingo de txapelas las gradas del Gasómetro. Con la elástica azulgrana, “El Vasco” Lángara se convertiría en máximo goleador de Argentina en la temporada 1939-40. Se quedaría tres temporadas más, convirtiéndose en uno de los máximos anotadores de la historia del ciclón con 110 goles en 121 partidos.

Su siguiente destino fue México, donde vistió la camiseta del Real Club España durante 3 temporadas. Una vez más, Lángara lograba ser el máximo goleador del campeonato, con lo que se convertía en el primer jugador de la historia en ser máximo goleador en 3 países. Este récord lo igualarían tiempo después otros tres grandes del balón como Di Stéfano (Argentina, Colombia y España), Romario (Holanda, España y Brasil) y Van Nistelrooy (Holanda, Inglaterra y España).

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En 1944 Carmen Polo hablaba con su marido Francisco Franco sobre aquel poderoso delantero. Un exiliado como Lángara era tabú para la dictadura, que ignoraba todas las hazañas que el de Pasajes protagonizaba en Argentina y México. El régimen franquista no le perdonaba su participación en aquella selección vasca que recaudó fondos para la República. Fue Felipe Polo, hermano de Carmen Polo y acérrimo oviedista, quien suplicó a su hermana para que el dictador autorizara el regreso del ariete a España. La noticia de la llegada de Lángara a Oviedo corrió como la pólvora. La expectación en la ciudad asturiana era tan grande que el tren que llevaba a Lángara se tuvo que detener en la estación de Colloto, a 5 kilómetros de su destino. Había tal cantidad de gente esperándole que el tren no pudo avanzar un metro más.

En Oviedo disputó las 2 últimas temporadas de su carrera, firmando 23 goles en 29 partidos. Una vez colgadas las botas, decidió volver a México, donde inició su carrera en los banquillos. Entrenó sin pena ni gloria a Puebla, San Lorenzo de Almagro y Unión Española de Chile. Tampoco le hacía falta, porque Lángara sabía que ya tenía un hueco en la historia. Hoy, ochenta años después de su exilio, una tribuna del estadio Carlos Tartiere y una calle rinden pleitesía al máximo goleador histórico del Oviedo. Y a miles de kilómetros de allá, en las calles del barrio de Boedo, cerca del mítico Gasómetro, un mural del Grupo Artístico Boedo enseña a los más jóvenes quién fue aquel Vasco al que el exilio convertiría en leyenda de San Lorenzo de Almagro.

Sarajevo sueña con más fútbol

Hace unos años leí en algún periódico digital que Jovanka Broz había fallecido a los 88 años en su casa de Belgrado. La viuda de Josip Broz, el Mariscal Tito, fallecía en la más absoluta pobreza. Con ella se pierde el último vestigio de ese sueño socialista del dictador Tito que se llamó Yugoslavia, la unión de los eslavos del sur. Una tierra llena de matices sociales, políticos, culturales y religiosos unidos bajo ese lema romántico de “hermandad y unidad”. Más o menos en el centro geográfico de lo que era Yugoslavia se encuentra Bosnia y Herzegovina, y más o menos en el centro geográfico del país se encuentra Sarajevo, su capital.

La guerra acabó con ese cruce de caminos que desde hacía siglos era Sarajevo, y en la actualidad la ciudad sufre las irracionales divisiones étnicas y religiosas en las que está basada la compleja organización de Bosnia-Herzegovina. Donde antes era prácticamente imposible distinguir quién era ortodoxo, católico o musulmán, con múltiples casos de familias que englobaban varias religiones y “etnias”, ahora encontramos una Sarajevo con una mayoría aplastante de población musulmana conviviendo con dos pequeñas minorías católicas y ortodoxas. El sueño de convivencia de culturas y religiones que era Sarajevo, otrora pequeña Jerusalén balcánica, apenas se siente durante algunos días del año. Y uno de esos días será mañana 23 de julio: el día del derbi de la ciudad entre el FK Željezničar y el FK Sarajevo.

La rivalidad entre los dos equipos nace poco después de ver la luz Yugoslavia. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial el único equipo de fútbol de Sarajevo era el FK Željezničar, fundado en 1921 por un grupo de trabajadores ferroviarios. Precisamente Željezničar significa “ferroviario”, y el color azul de sus camisetas se toma prestado de los monos de trabajo de aquellos obreros que construían las vías del tren que unían la capital con el resto del país. Pero en 1946 Tito tenía otros planes en mente: que cada una de las capitales de las repúblicas que formaban Yugoslavia tuviera un poderoso equipo que las representara y les diera fama por todo el mundo. Nacía el FK Sarajevo, el club del régimen, el equipo que debía representar a la República Socialista de Bosnia-Herzegovina. Pronto las autoridades locales obligaron a los mejores jugadores del país a firmar por el nuevo club. Y empezaron por desvalijar al mejor equipo del momento: el FK Željezničar. Se cumplía así la paradoja máxima de un país socialista: un clubcreado por las élites que arrasaba un club creado por obreros, y lo hacía en nombre del bien común.

Derbi Sarajevo

Las consecuencias no se hicieron esperar. El Željo, sobrenombre por el que se conoce popularmente al FK Željezničar, descendió rápidamente desde el primer nivel del fútbol yugoslavo para caer en picado en los años sucesivos, mientras el FK Sarajevo se afianzaba en la élite. Habría que esperar hasta 1954 para poder disfrutar del primer derbi oficial de la historia de Sarajevo: el FK Sarajevo le endosaba un contundente 6-1 al Željo, el que por ahora es el resultado más abultado de los 107 derbis disputados hasta el momento.

Con el paso de los años, ambos equipos igualaron sus fuerzas y se convirtieron en dos clásicos de la Prva Liga yugoslava que siempre se miraban de reojo. Si el FK Sarajevo lograba proclamarse campeón de Yugoslavia en la temporada 1966-67, pocos años después hacía lo propio el Željo (1971-72). En la temporada 1984-95, el FK Sarajevo lograba sumar su segundo título de liga yugoslava. Para no ser menos, esa misma temporada el Željo se plantaba en Semifinales de la Copa de la UEFA, un hito que ningún equipo bosnio ha conseguido igualar hasta la fecha. En el descuento del partido de vuelta de aquella semifinal, cuando ya el Željo acariciaba el pase a aquella final donde esperaba el Real Madrid, el Videoton húngaro anotó el gol que hundía el sueño europeo del conjunto bosnio.

Pocos años después de aquel fatídico partido, estallaba la guerra que acabaría con esa Yugoslavia utópica cuya idea de “hermandad y unidad” tan bien sentaba al difícil equilibrio religioso y multicultural de Bosnia y Herzegovina. Sarajevo sufrió desde la primavera de 1992 hasta el invierno de 1995 el asedio más largo que ninguna ciudad del mundo haya sufrido en la historia contemporánea. Grbavica, el barrio donde se encuentra el estadio del Željezničar, fue ocupado por tropas serbias y serbo-bosnias, y el estadio de Grbavica, enclavado en tierra de nadie, acabó seriamente dañado. Por su parte, el enorme complejo deportivo que rodeaba el estadio de Koševo, sede del FK Sarajevo y de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo’84, se convirtió en uno de los mayores cementerios de Europa. Con el final de la guerra, el fútbol volvió a retomar sus pasos y en el temporada 2000-01 nacería la Premijer Liga que unificaba los tres campeonatos que se jugaban en la zona bosníaca, croata y serbia del país. El Željezničar, con 4 títulos, es el equipo más laureado del país y el vigente campeón, mientras que el Sarajevo ha sumado 2 entorchados.

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Tifo de los Manijaci (Maníacos), ultras del Zeljo. 

 

Al contrario que otros derbis de la región, como el de Belgrado o Zagreb, en las horas previas al derbi en las calles de Sarajevo se respira fútbol, pero no violencia. Rumbo al estadio nos encontramos con paradas de autobús o tranvía en las que se entremezclan las banderas burdeos del FK Sarajevo con las azules del Željo. Un grupo de hinchas del FK Sarajevo caminan hacia el estadio a escasos metros de hinchas del Željo. Apenas hay presencia policial, porque ambas aficiones han aprendido a respetarse fuera del estadio para competir sin tregua una vez da inicio el encuentro.

Porque una vez en las gradas, los Manijaci (Maníacos), los ultras del Željo, rivalizarán por enésima vez con la Horde Zla (Horda Roja), el grupo ultra del FK Sarajevo, para ver quién hace el tifo más espectacular o quién es más ingenioso insultando al rival al más puro estilo balcánico. Durante los derbis, los estadios quedan prácticamente divididos casi equitativamente de forma que cada afición ocupa más o menos la mitad del aforo, lo que le da un colorido único a estos encuentros. Los plavi  (azules) recuerdan en sus pancartas a mitos como Ivica OsimMehmed Baždarević; por su parte, los bordo-bijeli (literalmente burdeos-blancos) reivindican leyendas propias como Asim “Hase” Ferhatović o Safet Sušić. 

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Amor, vida, Sarajevo. Tifo de la afición del FK Sarajevo.

El balance histórico del derbi no puede estar más igualado: 31 victorias para el FK Sarajevo, 44 empates y otras 32 victorias del Željo. En esta ocasión se verán las caras en la primera jornada del campeonato bosnio 2016/17 en el que ambos clubes querrán superar su cuarto y quinto puesto de la temporada anterior.

Cuando deje de rodar el balón, una pequeña luz de esperanza se volverá a apagar en Sarajevo, al menos por un tiempo. Porque el Željo y el FK Sarajevo, clubes originariamente de clase, han conseguido lo que únicamente consiguió la Yugoslavia de Tito a la fuerza: romper las barreras políticas, económicas, culturales o religiosas, y unir a una ciudad, a un país, en una misma pasión. Por tanto, que gane el mejor y que llegue pronto el próximo derbi.

La última batalla del Velež Mostar

Este lunes a las 7 de la tarde los socios del Velež Mostar tienen una cita en el Hotel Bristol. Dadas las fechas en las que estamos, pensaréis que se trata de la presentación del último fichaje. Nada más lejos de la realidad. A escasas dos semanas del comienzo de la Prva Liga, la segunda división bosnia, el Velež se encuentra en una situación límite: sin Presidente ni junta directiva, sin entrenador, y con los pocos jugadores que quedan en huelga. Y será este lunes en el Hotel Bristol donde tenga lugar la asamblea extraordinaria que marque el futuro inmediato del otrora grande del fútbol bosnio.

Igualdad y hermandad

Con la expansión del socialismo y comunismo por Europa a principios del siglo XX, la clase obrera de Mostar empezó a organizarse para fundar clubes de fútbol como el Omladina y el Željezničar. Al contrario que el Zrinjski Mostar, impulsado por la sociedad nacionalista croata Hrvoje, estos clubes tenían el objetivo de representar a todos los trabajadores de la ciudad por encima de su religión o afiliación nacionalista. En 1921 el rey Aleksandar Karadjordjevic consideró que el comunismo podría convertirse en una amenaza para el llamado Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, y prohibió tanto al Omladina como al Željezničar. Tomando como base las instalaciones del desaparecido Omladina, un año más tarde nacería el FK Velež Mostar. El partido comunista local pronto se hizo cargo del Velež, que pasaría a lucir la estrella roja en su escudo.

Clubes como el Omladina o el Željezničar tenían el objetivo de representar a todos los trabajadores de la ciudad por encima de su religión o afiliación nacionalista.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Mostar cayó en el Estado Independiente de Croacia (NDH), un estado fascista satélite de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. Mientras el Zrinjski Mostar participaba en la liga del NDH, el Velež se veía abocado a la desaparición. Muchas de las personas relacionadas con el club murieron en el campo de concentración de Lepoglava, mientras que otros optarían por alistarse con los partisanos liderados por Tito.

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En una situación precaria, el mayor patrimonio del Velez Mostar es su afición, conocidos como la “Red Army”

La edad de oro

Las tornas se giraron con la formación de Yugoslavia tras el final de la guerra. Mientras se prohibía toda actividad del Zrinjski Mostar por su afiliación nacionalista, el partido comunista apoya la reconstrucción del Velež, que en pocos años ascendería a la Prva Liga yugoslava. La época dorada del club llegaría en los años 70’ de la mano del técnico Rebac y la célebre BMV: Bajevic, Maric y Vladic. En la temporada 1973-72  el cuadro de Mostar se quedaría a 6 puntos del campeón Estrella Roja, mientras que en la 1973-74 el Hajduk Split se llevaría el título al empatar a puntos con el Velež pero superarle por 2 goles en la diferencia de goles de ambos conjuntos. En la temporada siguiente (1974-75) el cuadro de Mostar logró la proeza de plantarse en cuartos de final de la Copa UEFA tras eliminar al Spartak de Moscú, Rapid de Viena y Derby County. Sin embargo, el Twente holandés acabaría con el sueño europeo del Velež tras vencer 3-1 en el global de la eliminatoria.

Los primeros títulos llegarían a Mostar en los años ochenta. En 1981 el Velež se alzaría con la Copa del Mariscal Tito tras vencer por 3-2 al Željezničar Sarajevo. Cinco años después, en 1986, la Copa volvería a Mostar tras derrotar el conjunto rojo por 3-1 al Dinamo de Zagreb. El Velež rozó con los dedos la temporada perfecta: la liga 1986-87 se iría a las vitrinas del Partizan por 1 punto de diferencia. Como muestra de la buena salud del club, el Velež  lograba en 1989 el mejor ranking UEFA de la historia de los clubes bosnios: 43º, por delante del Hamburgo, Nápoles, AC Milán, AS Roma, Manchester United o PSG.

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Revista oficial del partido de la ida de la 3ª ronda de la Copa de la UEFA de 1988 que enfrentó al Hearts contra el Velez Mostar en el Tynecastle Stadium

El fin del sueño yugoslavo

Nadie se imaginaba en 1989 que apenas unos años después se abrirían las puertas del infierno. Mostar quedaba partida definitivamente cuando en 1993 las fuerzas bosníacas (ARBiH) disputarían el control de la ciudad al Consejo de Defensa Croata (HVO). Las fuerzas croatas acabarían haciéndose con la práctica totalidad de la orilla oeste del río Neretva, la gran mayoría del territorio de la ciudad. La población musulmana se vio obligada a cruzar el Neretva para asentarse en la orilla este. El renacido Zrinjski Mostar, ligado al nacionalismo croata, aprovechaba la conquista del HVO para romper cinco décadas de ostracismo y tomarse  así su venganza particular con la ocupación de las instalaciones y estadio del Velež, el Bijeli Brijeg.

Los ideales yugoslavos de igualdad y hermandad, enarbolados por el Velež, eran ya cosa del pasado.

Con el fin de la guerra y la caída de Yugoslavia, el Velež se vio forzado a reinventarse. Primero de todo, fijaría su sede en el pequeño estadio Vrapčići, de apenas 7.000 localidades y situado a 7km del centro de la ciudad. Además, una vez perdido su tradicional apoyo institucional, debía enfrentarse a una realidad que establecía que cualquier asunto cotidiano debía ser enfocado bajo el prisma nacionalista. Los ideales yugoslavos de igualdad y hermandad, enarbolados por el Velež, eran ya cosa del pasado. Con la comunidad croata de Mostar apoyando mayoritariamente al Zrinjski, y una comunidad serbia reducida a su mínima expresión tras el éxodo provocado por la guerra, el club de la estrella roja se vería abocado a buscar su base social entre la población musulmana de la orilla este del Neretva, aunque fuera únicamente por una mera coincidencia geográfica.

Ante este panorama, el Velež apenas sobrevivió las tres primeras temporadas en la recién nacida Premijer Liga bosnia. En la temporada 2002-03 sufriría su primer descenso de categoría, y no conseguiría volver a la máxima categoría hasta 3 años después. Desde 2008 hasta este año, el Velež consiguió mantenerse sin apuros en la Premijer, siendo la 5ª plaza de la 2013-14 su mejor posición. Pero los problemas económicos, acrecentados por una mala gestión, sumirían al club mostari en una grave crisis institucional que derivó en el peor resultado deportivo de su historia: el Velež terminaría como colista la temporada 2015-16 al sumar únicamente 9 puntos en 30 partidos.

Un histórico del fútbol balcánico se juega su futuro a una sola carta. Hoy, 18 de julio, la asamblea de socios buscará dar un giro de timón a la deriva del Velež. Se estima que la deuda total del club ronda el medio millón de euros, cifra nada desdeñable para las modestas cantidades que se manejan en el fútbol bosnio. Dado que la legislación bosnia prohíbe la privatización de los clubes de fútbol, una posible solución podría venir de la mano de antiguos jugadores del Velež que decidan dar un paso al frente. De no encontrar apoyo económico suficiente, el club se vería abocado a una más que posible desaparición.

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Hoy a las 19 horas la afición y asamblearios del Velez Mostar juegan el partido más importante de su acuciante presente

De la asamblea de hoy, el club debe salir con una junta directiva que marque un calendario de pagos que encauce la deuda. Además, urge formar un cuerpo técnico que se ocupe de la labor titánica de conformar una plantilla y prepararla para la Prva Liga, que arranca el 6 de agosto. El cantante Arsen Dedić definió Mostar como la ciudad de los cien mil poetas. Esperamos que la batalla que el Velež afronta hoy en el Hotel Bristol acabe plasmada en un poema épico, y no en una melancólica sevdalinka.

Cristiano tumba al dragón

La noticia saltaba minutos antes de la semifinal: Pepe no estaba en el once inicial. Todo un varapalo para Santos, que perdía al mariscal de su zaga y auténtico líder del equipo. La ya de por sí hinchada moral galesa crecía aún más. Bruno Alves, el sustituto de Pepe en el once, parecía ser un defensa mucho más fácil de superar. El país del dragón sumaba un motivo más para seguir creyendo en su particular milagro de verano.

Santos sabía que sin la valentía y anticipación de Pepe a su equipo le tocaba seguir siendo el patito feo. Fonte y Bruno Alves no son precisamente un dechado de velocidad, por lo que había que evitar duelos con espacios ante jugadores explosivos como Robson-Kanu o Bale. Y Portugal saltó a Lyon a repetir el mismo guión de las anteriores eliminatorias: defensa atrasada, mucho centrocampismo y a ver qué les cae a Nani y Cristiano.

Al conservadurismo luso se le unió un País de Gales con las luces apagadas, y la primera parte pareció no acabarse nunca. Los chicos de Coleman echaron demasiado de menos a un Ramsey que había participado en la mitad de sus goles. Su sustituto, Andy King, aportaba trabajo pero ninguna verticalidad.  Ante la ausencia de oportunidades y teniendo en cuenta la importante baja de Davies atrás, los galeses apostaron por anular al máximo a un Cristiano Ronaldo disfrazado de nueve puro. Únicamente Bale intentó romper el tedio con dos tiros lejanos poca afortunados. El primer acto se terminaba con un cabezazo de Cristiano que se iba por poco, un preludio de lo que nos esperaba en la reanudación.

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Cristiano Ronaldo celebra su gol. Foto de wincomparator.com

Viendo cómo arrancó Portugal la segunda parte, podríamos tirar de tópicos e imaginar a un Fernando Santos arengando a los suyos de forma enérgica durante el descanso. Personalmente no me cuadra esa escena con el rostro de fado que habitualmente luce el técnico luso. El caso es que en el 50′ Portugal saca un corner en corto y Raphael Guerreiro pone un centro precioso para que Cristiano Ronaldo se eleve entre la multitud. Testarazo inapelable del astro madridista que fusila las mallas galesas. Y apenas un par de minutos después, con Gales aún aturdido, un mal despeje de Chester sobre la frontal cae en las botas de Cristiano, quien suelta un tiro cruzado que Nani desvía a gol. En un par de minutos, Portugal se sacudía de encima la leyenda negra del semifinalista afortunado, ese que había llegado a Lyon con un juego ramplón y sin haber conseguido ganar ni un solo partido en los 90′ minutos.

En otras ocasiones, ese papel de malo lo había ejercido Italia con orgullo. Hasta ese minuto 52′, ese sambenito había caído en Portugal. Porque a partir de ahí el País de Gales se descosió por todos los costados y la superioridad lusa fue aplastante. Coleman tocó a rebato retirando a un desaparecido Robson-Kanu y a un sacrificado Ledley para meter a dos tanques de área como Vokes y Church. Con apenas media hora por delante el técnico galés decidió jugársela del todo quitando a un central (Collins) para meter a un enganche como Jonathan Williams. De esta forma, la famosa defensa galesa de 3 centrales pasaba a la historia y se convertía en un clásico 4-4-2 británico del que solamente se libraba Bale. El expreso de Cardiff bajaba una y otra vez al inicio de la jugada intentando aportar algo de fluidez a un equipo atenazado por la presión.

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Nani anotó el segundo tanto luso. Foto de depor.com

Portugal, mientras tanto, vivía los minutos más plácidos de todo el campeonato. Con el partido encarrilado y ante un rival escaso de imaginación, le bastó con cerrar espacios atrás y esperar los contragolpes que tarde y temprano acabarían llegando. Y así fue como Nani soltaba un latigazo desde la frontal que despejaba torpemente Hennessey para que Joao Mario, contra todo pronóstico, la mandara fuera. A pocos minutos del final Bale sacó un fuerte disparo lejano que Rui Patricio respondió con una buena estirada. Aún tuvo Portugal dos contragolpes más en los pies de Renato Sanches y Cristiano. Pero no era necesaria ninguna estocada más; el dragón galés ya había dejado de volar.

Cristiano Ronaldo, Nani y compañía se reivindican en el momento justo del campeonato. Portugal vivirá la segunda final de su historia con ganas de escribir su nombre entre los grandes de una vez por todas. El oficio y la seriedad de los lusos se demuestran con una cifra: con el de hoy suman 13 partidos consecutivos sin perder. Por si eso fuera poco, Santos recupera a dos jugadores importantes para la final como Pepe y André Gomes, quien jugó unos minutos hoy. Con la victoria de hoy ante el equipo de moda, Portugal defiende su derecho a la alegría en el preciso instante en que lo hacen los verdaderos campeones.  

Portugal-Gales: Necesidad contra Ilusión

Portugal y Gales protagonizarán este miércoles en Lyon una semifinal europea tan inédita como dispar. Por un lado, el conjunto luso vivirá el encuentro con la obligación de ganar para de una vez por todas intentar escribir su nombre entre los grandes del continente. En el reverso de la moneda encontramos a unos exultantes galeses con esa sensación de poder del que no tiene nada que perder. La experiencia de los lusos, presentes en cuatro semifinales de las últimas cinco Eurocopas, frente a la ilusión del debutante galés. El hambre de Cristiano Ronaldo contra un Gareth Bale convertido en símbolo nacional. La seguridad de Pepe frente a un Robson-Kanu que sigue sorprendiendo a propios y extraños.

El técnico portugués Santos recupera a André Gomes y Raphael Guerreiro, que se perdieron los cuartos de final por problemas musculares. Además de la baja del sancionado William Carvalho, al que presumiblemente sustituirá Danilo, preocupa el estado físico de Pepe, que ha entrenado aparte. Portugal construye su fortaleza defensiva alrededor del gran rendimiento del central merengue, por lo que de confirmarse sería una baja más que sensible. El cuadro luso no ha conseguido hasta el momento ganar en los 90 minutos ninguno de los 5 encuentros disputados, y basa sus partidos en una férrea defensa, un poblado centro del campo y un previsible ataque en el que Nani se ha erigido como sorprendente protagonista. Y es que Cristiano Ronaldo aparece únicamente a fogonazos, víctima de la escasa fluidez del equipo portugués. Quizás Lyon, donde hace unos días Cristiano anotó un doblete contra Hungría, sea el escenario en el que el crack del Real Madrid vuelva a ser decisivo. De no ser así, Santos siempre puede echar mano de Ricardo Quaresma, el revulsivo estrella de esta Euro.

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Pepe es clave para el equilibrio defensivo de Portugal. Foto de REUTERS/Gonzalo Fuentes

Gales afronta la semifinal con dos bajas muy importantes como Ramsey y Ben Davies. Para más inri, Gareth Bale también se ha entrenado aparte, lo que despierta toda clase de fantasmas y rumores sobre el dichoso sóleo de la estrella madridista. Pero todo obstáculo parece pequeño para el conjunto de Chris Coleman, con la moral por las nubes tras su exhibición frente a Bélgica. Andy King se perfila como el candidato para reemplazar a Ramsey, mientras que para sustituir a Davies en el centro de la zaga las apuestas se dividen entre James Collins y Chris Gunter, quien dejaría su hueco en la banda derecha a Jazz Richards. El once del dragón está demostrando tener la puntería afilada: únicamente Francia con 11 tantos superan los 10 goles anotados por Gales. Sorprenden especialmente las cifras de un Robson-Kanu que lleva 2 goles de 3 tiros.

En caso de pasar, los portugueses disputarían la segunda final de su historia. En la memoria colectiva lusa se encuentra aquella aciaga noche de 2004 en la que Grecia se disfrazó de Caballo de Troya para incendiar la noche de Lisboa. Por su parte, ningún equipo galés, ni femenino ni masculino, había alcanzado nunca una semifinal de un torneo internacional. Además, si Gales marca igualará el récord de goles de una selección británica en un torneo internacional, fijado en los 11 tantos que marcó aquella Inglaterra de Charlton y compañía que en 1966 levantó el título mundial en Wembley.

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Robson-Kanu celebra su gol contra Bélgica. Foto de euro2016franta.ro

Por si fuera poco aliciente el disputar una final europea, ambos equipos tendrán un aliciente extra. Y es que si Alemania vence a Francia, el ganador del Portugal-Gales tendrá una plaza asegurada en la próxima Copa Confederaciones. Dado que Alemania ya está clasificada para dicho torneo al haber ganado el Mundial, el representante europeo sería el otro finalista de esta Eurocopa.

Portugal y Gales se debaten entre la necesidad de la historia y la ilusión del debutante. Dicen que cada 12 años hay un equipo que, contra todo pronóstico, gana la Eurocopa. Pasó en 1992 con una Dinamarca que se había clasificado de rebote por la guerra en Yugoslavia. Volvió a pasar en 2004 cuando Grecia conquistaba Portugal. Doce años después, Gales amenaza con colarse en la final para cerrar este ciclo. Portugal vuelve a ser el favorito, como hace 12 años. Veremos.